Los 15.000.000.000.000 de $ fantasmas: el Oro que nunca existió

En este momento solo voy a incluir el video de la intervención y la transcripción oficial como “aperitivo”.

Estamos a las puertas de uno de los mayores escandalos económicos de la Historia reciente que va a estallar en nuestras caras pronto y probablemente ponga al Reino Unido de rodillas.

Hemos oído hablar de monedas basadas en deuda, y ahora tenemos oro de papel, tanto que nunca hemos sido capaces de extraer su equivalente en toda la historia del planeta Tierra.

Mira y tiembla en terror y panico la intervención ante la Camara Alta del Parlamento Británico de Lord James Blackhead el dia 16 de este mes de Febrero.

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Ultimas novedades: articulo de reciente aparición en RT sobre el tema (11 marzo del 2012)
LA GRAN ESTAFA FINANCIERA DE EE.UU. PARA SER EL DUENO DEL MUNDO

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A continuacion la (mi) traducción de la transcripción oficial del Parlamento Británico, disponible en internet aquí .

16 Feb 2012 : Columna 1016

5.20 pm

Lord James of Blackheath: Lores, espero que el minuto que se ha tomado nose descuente de mi tiempo. No deseo que los nobles Lores se vean incitados a ello cuando empiece con mi conclusión pero no tomare asiento una vez terminada. Entonces daré pruebas en su apoyo y, espero, presentar las razones por las que apoyo una investigación oficial del crimen que voy a desvelar esta tarde. He seguido esta caso por casi dos años y no puedo ir mas allá a fin de descubrir la verdad.

Existen tres posibles conclusiones que puedo entrever. La primera, la existencia de una masiva operación de blanqueo de dinero cometida por una potencia que debería saber que no se debe hacer eso. En efecto, ha socavado la integridad de un banco británico, el Royal Bank of Scotland, al hacerlo de esa manera. La segunda posibilidad es que un ministerio de EE.UU. posea una agencia que se ha vuelto deshonesta y que se ha puesto nerviosa y creado una estructura que intenta conseguir como mínimo un beneficio de 50.000 millones de euros. La tercera posibilidad es que se trata de un fraude extremadamente elaborado, que no se ha llevado aun a conclusión, pero que esta preparado para poder amenazar a un Gobierno o a mas de uno si no pagan. Estas tres posibilidades necesitan una revisión urgente.

 En abril y mayo del 2009, la situación se inicio con la presunta transferencia de 5 billones (trillones en términos anglosajones) de dólares al HSBC en el Reino Unido. Siete días después otros 5 billones llegaron al HSBC y 3 semanas después otros 5 billones. Presuntamente un total de 15 billones de dólares pasaron a manos del HSBC para ser mas tarde transferidos al Royal Bank of Scotland. Debemos ahora observar de donde sale y la historia de este dinero. Durante mucho tiempo he intentado desentrañar la sucesión de hechos sobre como se creo este dinero y de donde salió.

 Aparentemente todo empieza como su fuera la propiedad de Yohannes Riyadi, quien es considerado por algunos como la persona mas rica del mundo. Y lo seria si todo ese dinero que reclama lo tuviera realmente, pero he visto parte de su contabilidad y esta indica que el debe 36 billones de dólares a los bancos.. Es una suma de dinero ridícula. Aun así, 36 billones podría haber sido consistente con la dinastía de la que proviene y el hecho que han sido de facto emperadores de Indo-china en tiempos pasados. Mucho de ese dinero se le ha sido retirado, con su consentimiento, por el Tesoro de EE.UU. durante muchos años con el propósito de soportar el valor del dólar.

Mr Riyadime ha enviado un extraordinario documento con fecha de febrero del 2006 por el cual el Gobierno de EE.UU. le invitaba a una reunión con el Federal Reserve Bank of New York, el cual ni es reserva federal ni siquiera un banco. Es algo así como “el Gran Hermano famoso”. Tiene tres nombres que lo describen y ninguno de ellos es cierto. Este sorprendente documento recoge que hubo una reunión, con Alan Greenspan como testigo, y quie fue signatario por el Federal Reserve Bank of New York que el mismo presidia, al mismo tiempo que presidía la autentica Reserva Federal en Washington. Esta firmado por Timothy Geithner como testigo en nombre del Fondo Monetario Internacional. El FMI envio dos testigos, el otro era Yusuke Horiguchi. Estos caballeros firmaron como testigos a todos los efectos de

16 Feb 2012 : Columna 1017

que este acuerdo era correcto. Existen otras muchas otras firmas en el documento. No poseo una fotocopia, tengo la versión original del contrato.

Por este contra to, el Tesoro de EE.UU. ofrecía comprar por mediación del Federal Reserve Bank of New York los bonos entregados a Mr  Riyadi para reemplazar el efectivo que este les había entregado en los últimos 10 años. Era entregarle 500 millones de dólares contantes para comprar unos bonos inservibles. Todo ello se encuentra en el contrato y es muy sorprendente. Comprobar si poseo el documento correcto solo necesita dos llamadas telefónicas: una a Mr Geithner y otra a Mr Greenspan, ambos vivos y coleando. Ellos mismo pueden confirmar si firmaron el documento. Mr Riyadi, al venderles los bonos, hubiera también puesto a disposición del Tesoro de EE.UU. todos los bienes que los consolidaban que estaban estimados en 15 billones de dólares. Tengo una carta del Banco de Indonesia que dice que todo no es mas que un conjunto de mentiras. El no poseía la supuestas 750.000 toneladas de oro que alegaba; solo tenia 700 toneladas. Estos es una autentica pieza de falsificación.

Finalmente, tengo una carta del mismo Mr Riyadi, en la que me dice que le han engañado, que nada de ello es cierto, y que le han robado todo su dinero. estoy mas que dispuesto a aceptar como una de las posibilidades es que Mr. Riyadi mismo haya falsificado todo ello a fin de conseguir algún tipo de reintegro. Pero todo se complica desde el momento en que cada uno de los 5 billones de dólares pagados ha sido aceptado y firmado como recibido por altos cargos del HSBC y de nuevo formado como recibido por altos ejecutivos del Royal Bank of Scotland. Tengo los recibos de todo este dinero. Por que querría cualquier banco querría aceptar recibos de 5 billones de dólares, por un total de 15 billones, en dinero que no existe? Inicialmente se dijo que el dinero provenía de la cuenta de Mr. Riyadi en el Federal Reserve Bank of New York, y de ahí había pasado al JP MorganChase en Nueva York ansíes de ser enviado a Londres. La forma de envío fue una nota SWIFT (servicio bancario de transferencia de fondos interbancarios)  la cual, si era autentica, debería haberse registrado en el Banco de Inglaterra.

Une vex tube today la información, la presente a mi noble amigo Lord Strathclyde y le pregunte que debería hacer con ello. El respondió: “Entregasela a Lord Sassoon, el es Hacienda”. Y así hice, y mi noble amigo Lord Sassoon lo miro y dijo inmediatamente, “Todo esto es basura. Es demasiado dinero. Esto descuadraría terriblemente y no aparece en las cuentas del Royal Bank of Scotland”. Y siguió comentando “el respaldo de tanto oro es ridículo. Solo se han extraído 1.507 toneladas de oro en la historia de la Humanidad, por lo que no puedes tener 750.000 toneladas”. Eso es correcto. Y la tercera cosa que dijo fue, “Esto es una estafa”, en lo que estuve de acuerdo. El problema fue que, ene eso momento, detuvimos la investigación, pero lo que deberíamos habernos preguntado era de que tipo de estafa se trataba en vez de estar de acuerdo en que se trataba de una.

Nunca lo resolvimos. Hoy, tengo este trozo de papel auténticamente aterrador, y esa es mi justificación para traerlo a esta reunión. Esta disponible en internet y esto sorprendido de que no haya sido todavía encontrado por Hacienda porque de lo contrario todas las señales de alarma habrían saltado en la nación. Es de la Auditoria General de la Reserva Federal de Washington -la autentica Reserva Federal- y es su auditoria

16 Feb 2012 : Columna 1018

de fines de julio del 2010 del Federal Reserve Bank of New York. Tiene un listado de unos 20 bancos con una deudas totales de 16, 115 billones de dolares. Este es el descuadre que buscaba mi noble amigo Lord Sassoon. Pero en especial, hay otros dos detalles interesantes. El primero es el préstamo  de 868.000 millones de dólares de Barclays Bank, y el del Bank of Scotland de 541.000 millones, en cuyo caso se debe hacer una pregunta, ya que podrían haber ganado en tres semanas su completa deuda y regresar el dinero a los contribuyentes de Gran Bretaña. Por que no lo han hecho y pueden preguntarles por favor que envíen por correo esta noche un cheque por todos los 46.000 millones de dólares?

La siguente cos a sue no concuerda es que cada banco en la lista, con al excepción de MTN, esta registrado como banco, lo que significa que deben utilizar notaciones a medio plazo para mover capitales entre ellos con una formula de beneficio preacordada, en cuya caso son los bancos los que están invirtiendo el dinero y, aun mas extraordinario, no recibirían ni un céntimo de interés si el Federal Bank of New York decidiera pagar esa enrome suma de dinero, los 16 billones. Cualquiera que conozca la normativa del FMI sabrá inmediatamente que huele a chamusquina. EL FMI tiene normas muy estrictas en cuanto a aceptar dinero dudoso. Existen dos maneras de hacerlo, O se pasa a través de un banco central importante como el Banco de Inglaterra, el cual aparentemente rechazo tocarlo, o lo pones a través de MTN, una banca comercial, la cual puede utilizar estos fondos de un día para otro en el mercado comercial europeo de MTN donde pueden sacar un beneficio de entre el 1 al 2,5% cada noche. El interés compuesto de esas sumas es enorme. Si es autentico, se esta extrayendo un enorme beneficio de ese dinero en algún lugar.

Es de mi opinión que esta situación es de tal importancia que he puesto todo el material que tengo sobre el tema en un stick de 104 megas. Quiero que el Gobierno lo tenga todo, lo traslade al departamento de investigación que corresponda y encuentre la verdad sobre lo que realmente esta pasando aquí, porque hay algo que va verdaderamente mal. O tenemos una enorme evasión de capital en beneficios no declarados o tenemos una enorme cantidad de dinero supurando en el sistema bancario europeo que no es dinero real, en cuyo caos debe ser eliminado. Solicito una investigación y espero que los nobles Lores apoyen mi petición.

N.B. La traducción se ha hecho con prisas y el lenguaje es tanto técnico como difícil. Pido paciencia y agradecería cualquier corrección 

Max Keiser: “EE.UU. va a perder su Soberania”

El clip esta en ingles, pero he incluido parte de los comentarios en castellano a continuación.

-EE.UU. va a perder su nivel de AAA en la deuda

-Desde 9/11 ha habido una guerra entre especuladores y ahorradores. Los especuladores han ido ganando consiguiendo intereses a casi 0%. Los ahorradores quieren que colapse para que los intereses de sus ahorros suban.

-Washington es solo un jugador periférico ahora. FMI es el que tira de los hilos. El extraordinario y extravagante beneficio que ha tenido el dólar desde la Segunda Guerra mundial de ser la moneda de reserva del mundo esta en riesgo. Los banqueros globales son ahora los que mandan y no Washington.

-Goldman Sachs y JP Morgan, son los “llorones” del 9/11. No quieren competir en un mundo abierto, quieren los tipos de interés cercanos a 0%. Si la economía de EE.UU. funcionase, los intereses serian mas altos amenazando a los especuladores, pero poniendo dinero en los bolsillos de la clase trabajadora. Wall Street solo llora y vive de los subsidios la Reserva Federal y el Tesoro de EE.UU., solo para asegurarse sus beneficios y sus bonuses y salarios. Ahora tienen que competir globalmente, y siguen llorando por que les “hicieron pupa” el 9/11. Ellos siguen cogiendo subsidios para sus empresas, a costa del resto, sin añadir nada a la productividad de la economía. Una verdadera desgracia y humillación para todos. EE.UU. ha perdido su competitividad porque estos banqueros la han destruido a cambio de unos dólares extra para sus bolsillos.

-Para salir de este desastre se debe aceptar el hecho de que el dólar esta en una burbuja y debe depreciarse entre un 50 o un 60%. Debe de hacer algo como lo que hizo Islandia: no vamos a pasar nuestra vida en deuda a las servidumbre de estos bancos. Barak Obama es, financieramente, un iletrado.Si estuvieran gobernados por alguien que sabe, dejarían depreciar el dólar, pasar unos cuantos años de depresión, reconstruir el país, pero manteniendo su soberanía intacta. Si no EE.UU. acabaría como Grecia, perdiendo su Soberanía, o como Irlanda que ha perdido la suya frente al FMI y las otras instituciones bancarias. Estoy seguro que la mayoría de los estadounidenses preferirían ser pobres pero libres y no convertirse en vasallos de los bancos internacionales.

-Esto no ha hecho mas que empezar, en términos de la tragedia económica en los EE.UU. porque esta relacionado con los precios. Gasolina y comida, especialmente gasolina, triplicara el precio. Independientemente de los que Obama u otros hagan. El sistema monetario esta cayendo a pedazos. Eso es lo que nos dicen los precios del oro y la plata. La gasolina ha recibido subsidios del Gobierno, vía bancos, y mediante guerras de conveniencia, como Irak, asesinatos para tener mas por parte de la industria petrolera, a fin de mantener precios bajos en casa y tener a la gente a pie de calle calmada y sometida.

-El sistema de añadir deuda para financiar crecimiento que existe desde la Segunda Guerra Mundial alcanzo el máximo en el 2007. No hay ya nivel de deuda puede ya estimular crecimiento suficiente como para pagarla, por que se ha alcanzado el nivel de saturación. La espiral de la caída de bonos y divisa de EE.UU. no puede ser detenida.

-El Tea Party esta financiado pro los hermanos Koch y sus conexiones con la industria petrolera. El resultado es que los Koch y los petroleros hacen dinero y el Tea Party esta en la cale sin empleo. Es único de EE.UU. encontrar gente entre la población que sale a la calle a defender y proteger oligarcas. Es único de EE.UU. porque todos se creen que están a un peldaño de convertirse en millonarios.

-Es curios que EE.UU. arresto a 1500 banqueros relacionados con los escandalos financieros hipotecarios, los cuales habían pedido al Gobierno 600 mil millones en crédito por “daños y perjuicios” esencialmente. Si Obama hubiera nacionalizado los bancos, expulsado los terroristas financieros de JP Morgan, Goldman Sachs o Wachovia (a los que se cogio financiando carteles de la droga en Mejico), y poniendo en su logar baqueros responsables, podría haber reiniciado el sistema. Pero Obama es un iletrado financieramente hablando. Y eso le esta dando una patada en el trasero dos años después. Lo cual es perfecto para los banqueros. Pero al final, los especuladores perderán en el mercado global. La única divisa que tienen ahora valor es oro y plata.

-No estamos ni en la mitad de la crisis. Si Lehman Brothers fue el principio del fin ahora estamos en el principio de la mitad de la crisis que se inicio en el 2007. Aun no hemos visto lo mejor de los fuegos de artificio de la gran crisis financiera que se avecina.

Deuda relativa…

Hace un rato que no pongo nada aquí. Y es que hay demasiado para leer y enterarse.

De todas formas, solo quiero incluir una tabla para que tengamos claro todos de una vez quienes son los verdaderamente endeudados en este mundo. Mucho hablar de los PIGS, mucho tirar bolas a nuestro tejado. Veamos los últimos números disponibles (del 2010) y hagamos cuentas… Por cierto, son cifras del Fondo Monetario Internacional, esos mismos piratas del Caribe que andan hundiendo economías a diestro y siniestro.

 Estados Unidos en el puesto 10 con sus falderos, los británicos, en el 18; los “germanos de leche” europeos en medio (Alemania el 13 y Francia el 15). Incluso los Países Bajos son el 26. Y España? Señoras y Señores, somos el 28!

Donde esta el peso moral de germanos,y franceses ahora?
O de los manirrotos estadounidenses y sus lacayos británicos?

Pasen y vean…

Puesto Pais Deuda en Miles de Millones de $ %PIB
1 Japon 12.009,00 220
2 Jamaica 19,00 143
3 Grecia 436,00 143
4 Libano 53,00 134
5 Iraq 97,00 120
6 Italia 2.445,00 119
7 Belgica 452,00 97
8 Singapur 214,00 96
9 Irlanda 196,00 95
10 Estados Unidos 13.707,00 94
11 Portugal 213,00 93
12 Islandia 12,00 92
13 Alemania 2.759,00 84
14 Canada 1.324,00 84
15 Francia 2.110,00 82
16 Hungria 105,00 80
17 Israel 168,00 77
18 Reino Unido 1.699,00 76
19 Egipto 161,00 74
20 Austria 272,00 72
21 Sudan 47,00 72
22 Brasil 1.397,00 67
23 Jordania 18,00 67
24 Costa de Marfil 15,00 67
25 India 1.046,00 64
26 Piases Bajos 497,00 64
27 Chipre 14,00 61
28 Espana 848,00 60
29 Uruguay 23,00 57
30 Paquistan 100,00 57

 

“Occupy Wall Street se convertira pronto en un tsunami”

A solicitud de una compañera en Facebook, que solicitaba la traducción en castellano del siguiente clip, aquí va:

La pagina con el clip es: “OWS will soon turn into a tsunami” (Si no voy equivocado es de la television irani entrevistando a un comentarista politico en California)
El movimiento Occupy, que empezó en Nueva York y esta ganando ritmo en EE.UU., se convertirá pronto en un tsunami, como comenta un analista en internet.

Press TV ha entrevistado a Allen Roland, columnista de internet, para analizar en mayor profundidad la situacion en EE.UU.

Lo que sigue a continuación es una transcripción aproximada de la entrevista.

Press TV: Cree usted que el movimiento Occupy tiene lo que necesita para mantenerse a lo largo del invierno? Y bienvenido al programa.

Roland: Muchas gracias, es siempre un placer.
Como dije el pasado sábado por la noche, en una entrevista de media hora con PressTV, esto es como una onda que se ha convertido en una ola y que, en un futuro próximo será un tsunami, hacia finales de este año o principios del que viene.

También tuve una entrevista con Michael Moore, desde Oakland, respondiendo a la misma pregunta la cual le había enviado Anderson Cooper.

Y en este momento no se trata de candidatos o leyes, pero de presencia. Y el congresista dijo que ellos están empleados por Wall Street y K street, que es el grupo de presión que les contrata, y no la gente.

Y el Capitalismo en el 2011 es un sistema malvado, creado para apoyar a unos pocos a costa de la mayoría.

Lo que esta sucediendo es que esta creciendo exponencialmente, La nieve no va a tener absolutamente ningún efecto. Y ya esta teniendo un profundo efecto en el mundo!

Vean lo que esta pasando en Grecia!

Lo que quiero decir es que tras esto la Union Europea que supuestamente es una cosa estupenda, donde se dan rescates a los bancos, el presidente de Grecia acaba de decir hoy que esta bajo tanta presión que va ha hacer un referéndum para el pueblo, y el 70& de la gente no quiere ese rescate!

Asi, se esta extendiendo la corrupción por el mundo. Mientras este Occupy Wall Street se esta convirtiendo en Occupy EE.UU., que a su vez esta cerca de convertirse en Occupy el Mundo.

Todos somos uno, a causa de Wall Street, esa elite financiera. Y no hay ningún lugar donde sea tan obvio como en el Fondo Monetario Internacional y la Reserva Federal.

Todas esas cosas y es un año electoral. Eso es lo que lo hace tan poderoso, porque los candidatos han sido comprados y vendidos en Wall Street.

Press TV: Demos un vistazo a lo que acaba de decir, que es un año electoral. Tendrá esto algún tipo de importancia en la misma elección? Si la gente, la cual aumenta y aumenta, y básicamente esta diciendo que no a tanto Democratas como Republicanos, ve usted que el movimiento tenga alguna parte que jugar en las elecciones?

Roland: Por favor, la pregunta es tan obvia, Absolutamente

Ya esta jugando un papel ahora mismo. A diferencia del Tea Party, este se basa sobre libertades individuales y también en responsabilidad social! El Tea Party apoya las libertades individuales, pero este es sobre responsabilidad individual y social.

Esa es el banderín de enganche, incluso en mi ciudad de Sonoma! La gente sale cada viernes por la noche, cien, doscientos, trescientos, haciendo exactamente lo mismo que esta ocurriendo en Wall Street.

Esto es enorme! Como puede ver, usted esta allí en Iran, y no entiende que aquí, toca un tema muy sensible, extremadamente sensible! Una sensibilidad que va a tener ramificaciones en las elecciones.

Cualquier político que no lo entienda se va a quedar realmente fuera, y eso incluye Obama.

Press TV: Usted dice que cualquier político que no lo entienda se va a ver afectado negativamente. Pero por otra parte los que la gente que esta en la calle esta diciendo es que los políticos sirven en su mayoría al mismo sistema. Así que digame,  como puede esto jugar un papel, que significado tendrá cuando elijan a uno de los candidatos?

Roland: Veamos, ante todo, esto no es sobre los candidatos. Como Michael Moore dijo tan maravillosamente, esto se trata del por que es así. Esto se trata del senador de Nueva York. Los candidatos son comprados y vendidos en Nueva York. Es por eso que básicamente se centran en Wall Street.

Así, estas son las fases de lo que va a ocurrir. Primero,e establecer la presencia. Lo cual se esta haciendo ahora.

El siguiente paso, demandar la verdad. Eso es lo que absolutamente aterroriza a la elite global: la gente armada con la verdad.

Hay mucho interés en ello, y el 75% de la gente quiere que salgamos de Afganistán, el 75% de la gente quiere verdaderas reformas financieras, el 75% de la gente quiere un sistema universal de sanidad. Nunca lo tendrán, porque no se les escucha.

Asi que este es un año electoral, y hacen sentir su presencia. Van a demandar la verdad. Y el siguiente paso, y habrá obstáculos, será que harán frente a un estado policial. Y eso fracasara, en relación a la Administración y al Gobierno.

Por que este movimiento es tan fuerte, así que solo estamos viendo el principio de la lucha. No lucha, pero este fuego, que se esta convirtiendo en un incendio abrasador, que se transformara eventualmente en un tsunami. Es muy excitante.

Press TV: Muchas gracias desde Sonoma, California, el columnista de internet Sr. Allen Rolland por el análisis de la situación de EE.UU.

Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la perspectiva de una autoridad publica con competencia universal

Este es el texto integro emitido por el Consejo Pontificio de Justicia y Paz.
Sin comentarios personales. Eso lo dejo a cada uno. Ahora bien, seamos de cualquier religión, o no tengamos ninguna, eso no deniega la bondad e importancia que tal documento pueda tener.

El texto original se puede encontrar aquí. Existe un prefacio que no aparece en la versión castellana que hemos usado, pero en una traducción inglesa. He incluido ese prefacio a fin de poder ofrecer una visión lo mas integra posible del documento original.

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Prefacio

“La situación mundial requiere el esfuerzo concentrado de todos, un examen en profundidad de cada faceta del problema: social, económico, cultural, espiritual. La Iglesia, con su larga experiencia en asuntos humanos y sin deseo de verse envuelta en las actividades políticas de cualquier nación, ‘busca solamente un objetivo: llevar adelante el trabajo de Cristo bajo la dirección de su amigable Espíritu. Y Cristo vino a este mundo para dar testimonio de la verdad; para salvar, no juzgar; para servir, no para ser servido’”.

Cuan estas palabras, en la profética y siempre relevante encíclica Populorum progressio de 1967, Pablo VI subrayo de forma clara “las trayectorias” de la cercana relación entre la Iglesia y el mundo. Estas trayectorias se intersectan  en el profundo valor de la dignidad humana y su búsqueda por el bien común, el cual hace la gente responsable y libre de actuar de acuerdo a sus altas aspiraciones.

La crisis economica y financiera que vive el mundo llama a todos, individuos y pueblos, a examinar en profundidad los principios y los valores culturales y morales que están en la base de la coexistencia social. Aun mas, la crisis une actores privados y autoridades publicas competentes a nivel nacional, regional e internacional  en una seria reflexión tanto sobre las causas y soluciones de naturaleza política, económica y tecnica.

Es desde esta perspectiva, como muestra Benedicto XVI, que la crisis “nos obliga a replantear nuestra jornada, imponer a nosotros mismo nuevas reglas y a descubrir nuevas formas de implicarnos, a construir sobre experiencias positivas y rechazar las negativas. La crisis, de esta manera, se convierte en una oportunidad de discernimiento, en la cual podamos dar forma a una nueva visión para el futuro. Es en este espíritu, mas con confianza que con resignación, en el que nos debemos referir a las dificultades de hoy en día”.

Los mismo líderes del G20 confirman en la declaración acordada en Pittsburgh en el 2009: “La crisis económica demuestra la importancia de acomodarse a una nueva era de actividad económica global sostenible basada en la responsabilidad”.

El Consejo Pontificio de Justicia y Paz responde ahora a la llamada del Santo Padre, haciendo nuestras las preocupaciones de todos, especialmente las preocupaciones de aquellos que sufren mas duramente la situación actual. Con el respeto debido a las autoridades competentes tanto civiles como políticas, el Consejo ofrece y comparte su reflexión:  Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la perspectiva de una autoridad publica con competencia universal.

Esta reflexión espera beneficiar a los líderes del mundo y a todas las gentes de buena voluntad. Este es un ejercicio de responsabilidad no solo hacia pero sobre todo dirigido a generaciones futuras, en la esperanza de un futuro mejor y confianza en que la dignidad humana y su capacidad para hacer el bien no se extingan jamas.

Cardenal Peter K.A. Turkson y Mario Toso

Secretario de la Presidencia

 

Premisa

Toda persona individualmente, toda comunidad de personas, es partícipe y responsable de la promoción del bien común. Fieles a su vocación de naturaleza ética y religiosa, las comunidades de creyentes deben en primer lugar preguntarse si los medios de los que dispone la familia humana para la realización del bien común mundial son los más adecuados. La Iglesia, por su parte, está llamada a estimular en todos, indistintamente, «el deseo de participar en el conjunto ingente de esfuerzos realizados [por los hombres] a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, respondiendo [así] a la voluntad de Dios».

1. Desarrollo económico y desigualdades.

La grave crisis económica y financiera, que hoy atraviesa el mundo, encuentra su origen en múltiples causas. Sobre la pluralidad y sobre el peso de estas causas persisten opiniones diversas: algunos subrayan, ante todo, los errores inherentes a las políticas económicas y financieras; otros insisten sobre las debilidades estructurales de las instituciones políticas, económicas y financieras; otros, en fin, las atribuyen a fallas de naturaleza ética, presentes en todos los niveles, en el marco de una economía mundial cada vez más dominada por el utilitarismo y el materialismo. En los distintos estadios de desarrollo de la crisis se encuentra siempre una combinación de errores técnicos y de responsabilidades morales.

En el caso del intercambio de bienes materiales y de servicios, son la naturaleza, la capacidad productiva y el trabajo en sus múltiples formas, quienes ponen un límite a la cantidad, determinando un conjunto de costes y de precios que permite, bajo ciertas condiciones, una asignación eficiente de los recursos disponibles.

Pero en materia monetaria y financiera, las dinámicas son distintas. En los últimos decenios, han sido los bancos los que han extendido el crédito, el cual ha generado moneda, lo cual a su vez ha exigido una ulterior expansión del crédito. El sistema económico ha sido impulsado en tal modo, hacia una espiral inflacionista que, inevitablemente, ha encontrado un límite en el riesgo sostenible para los institutos de crédito, sometidos a un ulterior peligro de quiebra, con consecuencias negativas para todo el sistema económico y financiero.

Después de la Segunda Guerra Mundial, las economías nacionales progresaron, aunque con enormes sacrificios de millones e incluso de miles de millones de personas que habían otorgado su confianza con su comportamiento de productores y empresarios, por un lado, y de ahorradores y consumidores, por el otro, hasta llegar a un progresivo y regular desarrollo de la moneda y de las finanzas, en conformidad con las potencialidades de crecimiento real de la economía.

A partir de los años noventa del pasado siglo, se descubre en cambio como la moneda y los títulos de crédito a nivel global aumentaron mucho más rápidamente que la producción del rédito, incluso a precios corrientes. Se derivó, por consiguiente, en la formación bolsas excesivas de liquidez y burbujas especulativas que luego se transformaron en crisis de solvencia y de confianza que se han propagado y subseguido en el transcurso de los años.

Una primera crisis se verificó en los años setenta hasta principios de los ochenta, debido a los precios del petróleo. Posteriormente se verificaron una serie de crisis en varios Países en vías de desarrollo. Baste pensar en la primera crisis de México en los años ochenta, o en las de Brasil, Rusia y Corea; y luego nuevamente en México en los años noventa, en Tailandia y en Argentina.

La burbuja especulativa sobre los inmuebles y la reciente crisis financiera tienen el mismo origen: la excesiva cantidad de moneda y de instrumentos financieros a nivel global.

Mientras las crisis en los Países en vías de desarrollo, que han estado a punto de involucrar el sistema monetario y financiero global, han sido contenidas con formas de intervención por parte de los países más desarrollados, la crisis que ha estallado en el año 2008, se ha caracterizado por un elemento decisivo y disruptivo respecto a las precedentes. Se ha originado en el contexto de Estados Unidos, una de las áreas más relevantes para la economía y las finanzas mundiales, involucrando la moneda a la que se remiten todavía la gran mayoría de los intercambios internacionales.

Una orientación de tipo liberal – reticente respecto a las intervenciones públicas en los mercados – ha propiciado la quiebra de un importante instituto internacional, imaginando de este modo, delimitar la crisis y sus efectos. Se ha derivado, desafortunadamente, una propagación de la desconfianza que ha impulsado a mutar repentinamente de actitud, estimulando intervenciones públicas de diverso tipo, de enorme alcance (el 20% del producto nacional) a fin de contener las consecuencias negativas que hubieran afectado todo el sistema financiero internacional.

Las consecuencias sobre la denominada «economía real», pasando s través de las graves dificultades de algunos sectores – en primer lugar el de la construcción – y con la difusión de expectativas desfavorables, han generado una tendencia negativa de la producción y del comercio internacional, con graves repercusiones en la ocupación, y con efectos que probablemente aun no han agotado su alcance. El costo para millones, e incluso miles de millones de personas, en los Países desarrollados, pero sobre todo también en aquellos en vías de desarrollo, es inmenso.

En Países y áreas donde se carece todavía de los bienes más elementales como la salud, la alimentación y la protección contra la intemperie, más de mil millones de personas se ven obligadas a sobrevivir con unos ingresos medios de poco más de un dólar diario.

El bienestar económico global, medido en primer lugar por la producción de renta, y también por la difusión de las capabilities, se ha acrecentado, en el curso de la segunda mitad del siglo XX, en una medida y con una rapidez antes jamás experimentado en la historia del género humano.

Pero también han aumentado enormemente las desigualdades en varios Países y entre ellos. Mientras que algunos Países y áreas económicas, las más industrializadas y desarrolladas, han visto crecer notablemente la producción de la renta, otros Países han sido excluidos, de hecho, del progreso generalizado de la economía, e incluso han empeorado en su situación.

Los peligros de una situación de desarrollo económico, concebido en términos de liberalismo, han sido denunciados lúcida y proféticamente por Pablo VI – a causa de las nefastas consecuencias sobre los equilibrios mundiales y la paz – ya en 1967, después del Concilio Vaticano II, con la Encíclica Populorum progressio. El Pontífice indicó, como condiciones imprescindibles para la promoción de un auténtico desarrollo, la defensa de la vida y la promoción del progreso cultural y moral de las personas. Sobre tales fundamentos, Pablo VI afirmaba que el desarrollo plenario y planetario «es el nuevo nombre de la paz».

A cuarenta años de distancia, en el año 2007, el Fondo Monetario Internacional reconocía, en su Informe anual, la estrecha conexión por una parte de un proceso de globalización que no ha sido gobernado adecuadamente, y las fuertes desigualdades a nivel mundial por el otro. Hoy los modernos medios de comunicación hacen evidentes a todos los pueblos, ricos y pobres, las desigualdades económicas, sociales y culturales que se han producido a nivel global, creando tensiones e imponentes movimientos migratorios.

Más aún, se ha de reafirmar que el proceso de globalización, con sus aspectos positivos está a la base del grande desarrollo de la economía mundial del siglo XX. Vale la pena recordar que, entre el 1900 y el 2000, la población mundial casi se cuadruplicó y que la riqueza producida a nivel mundial creció en modo mucho más rápido de manera que los ingresos medios per cápita aumentaron fuertemente. A la vez, sin embargo, no ha aumentado la equitativa distribución de la riqueza; sino que en muchos casos ha empeorado.

¿Pero qué es lo que ha impulsado al mundo en esta dirección extremadamente problemática incluso para la paz?

Ante todo, un liberalismo económico sin reglas y sin supervisión. Se trata de una ideología, de una forma de «apriorismo económico», que pretende tomar de la teoría las leyes del funcionamiento del mercado y las denominadas leyes del desarrollo capitalista, exagerando algunos de sus aspectos. Una ideología económica que establezca a priori las leyes del funcionamiento del mercado y del desarrollo económico, sin confrontarse con la realidad, corre el peligro de convertirse en un instrumento subordinado a los intereses de los Países que ya gozan, de hecho, de una posición de mayores ventajas económicas y financieras.

Reglas y controles, si bien de manera imperfecta, con frecuencia están presentes a nivel nacional y regional; sin embargo a nivel internacional, dichas reglas y controles se realizan y se consolidan con dificultad.
A la base de las disparidades y de las distorsiones del desarrollo capitalista, se encuentra en gran parte, además de la ideología del liberalismo económico, la ideología utilitarista, es decir la impostación teórico-práctica según la cual «lo que es útil para el individuo conduce al bien de la comunidad». Es necesario notar que una «máxima» semejante, contiene un fondo de verdad, pero no se puede ignorar que no siempre lo que es útil individualmente, aunque sea legítimo, favorece el bien común. En más de una ocasión es necesario un espíritu de solidaridad que trascienda la utilidad personal por el bien de la comunidad.

En los años veinte del siglo pasado, algunos economistas ya habían puesto en guardia para que no se diera crédito excesivamente, en ausencia de reglas y controles, a esas teorías, que hoy se han transformado en ideologías y praxis dominantes a nivel internacional.

Un efecto devastante de estas ideologías, sobre todo en las últimas décadas del siglo pasado y en los primeros años del nuevo siglo, ha sido la explosión de la crisis, en la que aún se encuentra sumergido el mundo.

Benedicto XVI, en su encíclica social, ha individuado de manera precisa la raíz de una crisis que no es solamente de naturaleza económica y financiera, sino antes de todo, es de tipo moral, además de ideológica. La economía, en efecto – observa el Pontífice – tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento, no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona. El Papa ha denunciado, a continuación, el papel desempeñado por el utilitarismo y por el individualismo, así como las responsabilidades de quienes los han asumido y difundido como parámetro para el comportamiento óptimo de aquellos – operadores económicos y políticos – que actúan e interactúan en el contexto social. Pero Benedicto XVI ha también descubierto y denunciado una nueva ideología, la «ideología de la tecnocracia».

2. El rol de la técnica y el desafío ético.

El enorme desarrollo económico y social del siglo pasado, ciertamente luego con sus luces, pero también con sus graves aspectos de sombra, se debe, en gran parte, al continuado desarrollo de la técnica y, en las décadas más recientes, a los progresos de la informática y a sus aplicaciones, a la economía y, en primer lugar, a las finanzas.

Para interpretar con lucidez la actual nueva cuestión social, es necesario evitar el error, hijo también de la ideología neoliberal, de considerar que los problemas por afrontar son de orden exclusivamente técnico. En cuanto tales, escaparían a la necesidad de un discernimiento y de una valoración de tipo ético. Pues bien, la encíclica de Benedicto XVI pone en guardia contra los peligros de la ideología de la tecnocracia, es decir de aquella absolutización de la técnica que «tiende a producir una incapacidad de percibir todo aquello que no se explica con la pura materia» y a minimizar el valor de las decisiones del individuo humano concreto que actúa en el sistema económico-financiero, reduciéndolas a meras variables técnicas. La cerrazón a un «más allá», comprendido como algo más, respecto a la técnica, no sólo hace imposible el encontrar soluciones adecuadas para los problemas, sino que empobrece cada vez más, a nivel material y moral, a las principales víctimas de la crisis.

También en el contexto de la complejidad de los fenómenos, la relevancia de los factores éticos y culturales no puede, por lo tanto ser desatendida ni subestimada. La crisis, en efecto, ha revelado comportamientos de egoísmo, de codicia colectiva y de acaparamiento de los bienes a grande escala. Nadie puede resignarse a ver al hombre vivir como «un lobo para el otro hombre», según la concepción evidenciada por Hobbes. Nadie, en conciencia, puede aceptar el desarrollo de algunos Países en perjuicio de otros. Si no se pone remedio a las diversas formas de injusticia, los efectos negativos que se producirán a nivel social, político y económico estarán destinados a originar un clima de hostilidad creciente, e incluso de violencia, hasta minar las bases mismas de las instituciones democráticas, aún de aquellas consideradas más sólidas.

Por el reconocimiento de la primacía del ser respecto al del tener, de la ética respecto a la economía, los pueblos de la tierra deberían asumir, como alma de su acción, una ética de la solidaridad, abandonando toda forma de mezquino egoísmo, abrazando la lógica del bien común mundial que trasciende el mero interés contingente y particular. Deberían, en fin de cuentas, mantener vivo el sentido de pertenencia a la familia humana en nombre de la común dignidad de todos los seres humanos: «por encima de la lógica de los intercambios a base de los parámetros y de sus formas justas, existe algo que es debido al hombre porque es hombre, en virtud de su eminente dignidad».

Ya en 1991, después del fracaso del colectivismo marxista, el Beato Juan Pablo II había puesto en guardia contra el peligro de «una idolatría del mercado, que ignora la existencia de bienes que, por su naturaleza, no son ni pueden ser simples mercancías». Es preciso, hoy sin demora acoger su amonestación y tomar un camino más en sintonía con la dignidad y con la vocación trascendente de la persona y de la familia humana.

3. El gobierno de la globalización.

En el camino hacia la construcción de una familia humana más fraterna y más justa y, aún antes, de un nuevo humanismo abierto a la trascendencia, se presenta particularmente actual la enseñanza del Beato Juan XXIII. En la profética Carta encíclica Pacem in terris del 1963, él advertía ya que el mundo se estaba dirigiendo hacia una unificación cada vez mayor. Tomaba pues conciencia, del hecho que en la comunidad humana, había disminuido la correspondencia entre la organización política a nivel mundial y las exigencias objetivas del bien común universal. Por consiguiente, auguraba fuera creada un día, una «Autoridad pública mundial».

Ante la unificación del mundo, propiciada por el complejo fenómeno de la globalización; ante la importancia de garantizar, además de los otros bienes colectivos, el bien representado por un sistema económico-financiero mundial libre, estable y al servicio de la economía real, la enseñanza de la Pacem in terris se presenta, hoy en día, aún más vital y digna de urgente concretización.

El mismo Benedicto XVI, en el surco trazado por la Pacem in terris, ha expresado la necesidad de constituir una Autoridad política mundial. Dicha necesidad se presenta además evidente, si se piensa que la agenda de cuestiones a tratar a nivel global se hace cada vez más amplia. Piénsese, por ejemplo, en la paz y la seguridad; en el desarme y el control de armamentos; en la promoción y la tutela de los derechos humanos fundamentales; en el gobierno de la economía y en las políticas de desarrollo; en la gestión de los flujos migratorios y en la seguridad alimentaria; en la tutela del medio ambiente. En todos esos campos, resulta cada vez más evidente la creciente interdependencia entre los Estados y las regiones del mundo, y la necesidad de respuestas, no sólo sectoriales y aisladas, sino sistemáticas e integradas, inspiradas por la solidaridad y por la subsidiaridad, y orientadas hacia el bien común universal.

Como lo recuerda Benedicto XVI, si no se sigue ese camino, también «el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correría el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los más fuertes».

La finalidad de la Autoridad pública, recordaba ya Juan XXIII en la Pacem in terris, es, ante todo, la de servir al bien común. Dicha Autoridad, por tanto, debe dotarse de estructuras y mecanismos adecuados, eficaces, es decir, a la altura de la propia misión y de las expectativas que en ella se ponen. Esto es particularmente verdadero al interno de un mundo globalizado, que hace a las personas y a los pueblos permanecer cada vez más interconectados e interdependientes, pero que muestra también el peso del egoísmo y de los intereses sectoriales, entre los cuales la existencia de mercados monetarios y financieros de carácter prevalentemente especulativo, perjudiciales para la «economía real», en especial de los Países más débiles.

Es este un proceso complejo y delicado. Tal Autoridad supranacional debe, en efecto, poseer una impostación realista y ha de ponerse en práctica gradualmente, para favorecer también la existencia de sistemas monetarios y financieros eficientes y eficaces, es decir, mercados libres y estables, disciplinados por un marco jurídico adecuado, funcionales en orden al desarrollo sostenible y al progreso social de todos, e inspirados por los valores de la caridad y de la verdad. Se trata de una Autoridad con un horizonte planetario, que no puede ser impuesta por la fuerza, sino que debería ser la expresión de un acuerdo libre y compartido, más allá de las exigencias permanentes e históricas del bien común mundial, y no fruto de coerciones o de violencias. Debería surgir de un proceso de maduración progresiva de las conciencias y de las libertades, así como del conocimiento de las crecientes responsabilidades. No pueden, en consecuencia, ser desatendidos considerandos superfluos, elementos como la confianza recíproca, la autonomía y la participación. El consenso debe involucrar, un número cada vez mayor de Países que se adhieren por convicción, mediante ese diálogo sincero que no margina, sino más aún que valora las opiniones minoritarias. La Autoridad mundial debería, pues, involucrar coherentemente a todos los pueblos en una colaboración a la que están llamados a contribuir con el patrimonio de sus propias virtudes y civilizaciones.

La constitución de una Autoridad política mundial debería estar precedida por una fase preliminar de concertación, de la que emergerá una institución legitimada, capaz de proporcionar una guía eficaz y, al mismo tiempo, de permitir que cada País exprese y procure el propio bien particular. El ejercicio de una Autoridad semejante, puesta al servicio del bien de todos y de cada uno, será necesariamente super partes, es decir, por encima de toda visión parcial y de todo bien particular, en vistas a la realización del bien común. Sus decisiones no deberán ser el resultado del pre-poder de los Países más desarrollados sobre los Países más débiles. Deberán, en cambio, ser asumidas que asumirlas, en el interés de todos y no sólo en ventaja de algunos grupos formados por lobbies privadas o por Gobiernos nacionales.

Una institución supranacional, expresión de una «comunidad de las Naciones», no podrá por otra parte, durar por mucho tiempo, si las diversidades de los Países, a nivel de las culturas, de los recursos materiales e inmateriales, y de las condiciones históricas y geográficas, no son reconocidas y plenamente respetadas. La ausencia de un consenso convencido, alimentado por una incesante comunión moral de la comunidad mundial, debilitaría la eficacia de la correspondiente Autoridad.

Lo que vale a nivel nacional vale también a nivel mundial. La persona no está hecha para servir incondicionalmente a la Autoridad, cuya tarea es la de ponerse al servicio de la persona misma, en coherencia con el valor preeminente de la dignidad del ser humano. Del mismo modo, los Gobiernos no deben servir incondicionalmente a la Autoridad mundial. Esta última, ante todo debe ponerse al servicio de los diversos Países miembros, de acuerdo al principio de subsidiaridad, creando, entre otras, las condiciones socioeconómicas, políticas y jurídicas indispensables también para la existencia de mercados eficientes y eficaces, que no estén hiperprotegidos por políticas nacionales paternalistas, ni debilitados por déficit sistemáticos de las finanzas públicas y de los Productos nacionales que, de hecho, impiden a los mercados operar en un contexto mundial como instituciones abiertas y competitivas.

En la tradición del Magisterio de la Iglesia, retomada con vigor por Benedicto XVI, el principio de subsidiaridad debe regular las relaciones entre el Estado y las comunidades locales, entre las Instituciones públicas y las Instituciones privadas, sin excluir aquellas monetarias y financieras. Así, en un nivel ulterior, debe regir las relaciones entre una eventual, futura Autoridad pública mundial y las instituciones regionales y nacionales. Tal principio es en garantía tanto la legitimidad democrática, como la eficacia de las decisiones de quienes están llamados a tomarlas. Permite respetar la libertad de las personas y de las comunidades de personas y, al mismo tiempo, responsabilizarlas respecto de los objetivos y de los deberes que les competen.

Según la lógica de la subsidiaridad, la Autoridad superior ofrece su subsidium, es decir su ayuda, cuando la persona y los actores sociales y financieros son intrínsecamente inadecuados o no logran hacer por sí mismos lo que les es requerido. Gracias al principio de solidaridad, se construye una relación durable y fecunda entre la sociedad civil planetaria y una Autoridad pública mundial, cuando los Estados, los cuerpos intermedios, las diversas sociedades – incluidas aquellas económicas y financieras – y los ciudadanos toman las decisiones dentro de la prospectiva del bien común mundial, que trasciende el nacional.

«El gobierno de la globalización» – se lee en la Caritas in veritate – «debe ser de tipo subsidiario, articulado en múltiples niveles y planos diversos, que colaboren recíprocamente». Sólo así se puede evitar el riesgo del aislamiento burocrático de la Autoridad central, que correría el peligro de la deslegitimación de una separación demasiado grande de las realidades sobre las cuales se funda, y podría fácilmente caer en tentaciones paternalistas, tecnocráticas, o hegemónicas.

Sin embargo permanece aún un largo camino por recorrer antes de llegar a la constitución de una tal Autoridad pública con competencia universal. La lógica desearía que el proceso de reforma se desarrollase teniendo como punto de referencia la Organización de las Naciones Unidas, en razón de la amplitud mundial de sus responsabilidades, de su capacidad de reunir las Naciones de la tierra, y de la diversidad de sus propias tareas y de las de sus Agencias especializadas. El fruto de tales reformas debería ser una mayor capacidad de adopción de políticas y opciones vinculantes, por estar orientadas a la realización del bien común a nivel local, regional y mundial. Entre las políticas aparecen como más urgentes aquellas relativas a la justicia social global: políticas financieras y monetarias que no dañen los Países más débiles; políticas dirigida a la realización de mercados libres y estables y una distribución ecua de la riqueza mundial incluso mediante formas inéditas de solidaridad fiscal global, de la cual se referirá más adelante.

En el proceso de la constitución de una Autoridad política mundial no se pueden desvincular las cuestiones de governance (es decir, de un sistema de simple coordinación horizontal sin una Autoridad super partes), de aquellas de un shared government (es decir de un sistema que, además de la coordinación horizontal, establezca una Autoridad super partes) funcional y proporcionado al gradual desarrollo de una sociedad política mundial. La constitución de una Autoridad política mundial no podrá ser lograda sin una práctica previa de multilateralismo, no sólo a nivel diplomático, sino también y principalmente en el ámbito de los programas para el desarrollo sostenible y para la paz. No se puede llegar a un Gobierno mundial si no es dando una expresión política a interdependencias y cooperaciones preexistentes.
4. Hacia una reforma del sistema financiero y monetario internacional que responda a las exigencias de todos los Pueblos.
En materia económica y financiera, las dificultades más relevantes se derivan de la carencia de un eficaz conjunto de estructuras capaces de garantizar, además de un sistema de governance, un sistema de government de la economía y de las finanzas internacionales.

¿Qué se puede decir de esta prospectiva? ¿Cuáles son los pasos que se deben desarrollar concretamente?

Con referencia al actual sistema económico y financiero mundial, se deben subrayar dos elementos determinantes: el primero es la gradual disminución de la eficiencia de las instituciones de Bretton Woods, desde los inicios de los años Setenta. En particular, el Fondo Monetario Internacional ha perdido un carácter esencial para la estabilidad de las finanzas mundiales, es decir, el de reglamentar la creación global de moneda y de velar sobre el monto de riesgo del crédito asumido por el sistema. En definitiva, ya no se dispone más de ese «bien público universal» que es la estabilidad del sistema monetario mundial.

El segundo factor es la necesidad de un corpus mínimo compartido de reglas necesarias para la gestión del mercado financiero global, que ha crecido mucho más rápidamente que la «economía real» habiéndose velozmente desarrollado, por efecto de un lado, de la abrogación generalizada de los controles sobre los movimientos de capitales y de la tendencia a la desreglamentación de las actividades bancarias y financieras; y, por el otro, con los progresos de la técnica financiera favorecidos por los instrumentos informáticos.

En el plano estructural, en la última parte del siglo anterior, la moneda y las actividades financieras a nivel global crecieron mucho más rápidamente que las producciones de bienes y servicios. En dicho contexto, la cualidad del crédito ha tendido a disminuir, hasta exponer a los institutos de crédito a un riesgo mayor de aquel razonablemente sostenible. Baste observar lo acaecido a los grandes y pequeños institutos de crédito en el contexto de las crisis que se manifestaron en los años ochenta y noventa del siglo anterior y, en fin, en la crisis de 2008.

Aún en la última parte del siglo anterior, se desarrolló la tendencia a definir las orientaciones estratégicas de la política económica y financiera al interno de clubes y de grupos más o menos amplios de los Países más desarrollados. Sin negar los aspectos positivos de este enfoque, no se puede dejar de notar que así, no parece respetarse plenamente el principio representativo, en particular de los Países menos desarrollados o emergentes.

La necesidad de tener en cuenta la voz de un mayor número de Países ha conducido, por ejemplo, a la ampliación de dichos grupos, pasando así del G7 al G20. Ha sido, ésta, una evolución positiva, en cuanto ha consentido involucrar, en las orientaciones para la economía y las finanzas globales, la responsabilidad de Países con una población más elevada, en vías de desarrollo y emergentes.

En el ámbito del G20 pueden, por lo tanto, madurar directrices concretas que, oportunamente elaboradas en las apropiadas sedes técnicas, podrán orientar los órganos competentes a nivel nacional y regional en la consolidación de las instituciones existentes y en la creación de nuevas instituciones con apropiados y eficaces instrumentos a nivel internacional.

Los líderes mismos del G20 afirman en la Declaración final de Pittsburgh de 2009 que «la crisis económica demuestra la importancia de comenzar una nueva era de la economía global basada en la responsabilidad». A fin de hacer frente a la crisis y abrir una nueva era «de la responsabilidad», además de las medidas de tipo técnico y de corto plazo, los leaders proponen una «reforma de la arquitectura global para afrontar las exigencias del siglo XXI»; y por tanto además «un marco que permita definir las políticas y las medidas comunes con el objeto de producir un desarrollo global sólido, sostenible y equilibrado».

Es preciso por tanto, dar inicio a un proceso de profunda reflexión y de reformas, recorriendo vías creativas y realistas, que tiendan a valorizar los aspectos positivos de las instituciones y de los fora ya existentes.

Una atención específica debería reservarse a la reforma del sistema monetario internacional y, en particular, al empeño para dar vida a una cierta forma de control monetario global, desde luego ya implícita en los Estudios del Fondo Monetario Internacional. Es evidente que, en cierta medida, esto equivale a poner en discusión los sistemas de cambio existentes, para encontrar modos eficaces de coordinación y supervisión. Se trata de un proceso que debe involucrar también a los Países emergentes y en vías de desarrollo, al momento de definir las etapas de adaptación gradual de los instrumentos existentes.

En el fondo se delinea, en prospectiva, la exigencia de un organismo que desarrolle las funciones de una especie de «Banco central mundial» que regule el flujo y el sistema de los intercambios monetarios, con el mismo criterio que los Bancos centrales nacionales. Es necesario redescubrir la lógica de fondo, de paz, coordinación y prosperidad común, que portaron a los Acuerdos de Bretton Woods, para proveer respuestas adecuadas a las cuestiones actuales. A nivel regional, dicho proceso podría realizarse con valorización de las instituciones existentes como, por ejemplo, el Banco Central Europeo. Esto requeriría, sin embargo, no sólo una reflexión a nivel económico y financiero, sino también y ante todo, a nivel político, con miras a la constitución de instituciones públicas correspondientes que garanticen la unidad y la coherencia de las decisiones comunes.

Estas medidas se deberían ser concebidas como unos de los primeros pasos en la prospectiva de una Autoridad pública con competencia universal; como una primera etapa de un más amplio esfuerzo de la comunidad mundial por orientar sus instituciones hacia la realización del bien común. Deberán seguir otras etapas, teniendo en cuenta que las dinámicas que conocemos pueden acentuarse, pero también acompañarse de cambios que hoy día sería en vano tratar de prever.

En dicho proceso, es necesario recuperar la primacía de lo espiritual y de la ética y, con ello, la primacía de la política – responsable del bien común – sobre la economía y las finanzas. Es necesario volver a llevar estas últimas al interno de los confines de su real vocación y de su función, incluida aquella social, en vista de sus evidentes responsabilidades hacia la sociedad, para dar vida a mercados e instituciones financieras que estén efectivamente al servicio de la persona, es decir, que sean capaces de responder a las exigencias del bien común y de la fraternidad universal, trascendiendo toda forma de monótono economicismo y de mercantilismo performativo.
En la base de dicho enfoque de tipo ético, parece pues, oportuno reflexionar, por ejemplo,

a) sobre medidas de imposición fiscal a las transacciones financieras, mediante alícuotas equitativas, pero moduladas con gastos proporcionados a la complejidad de las operaciones, sobre todo de las que se realizan en el mercado «secundario». Dicha imposición sería muy útil para promover el desarrollo global y sostenible, según los principios de la justicia social y de la solidaridad; y podría contribuir a la constitución de una reserva mundial de apoyo a los Países afectados por la crisis, así como al saneamiento de su sistema monetario y financiero;
b) sobre formas de recapitalización de los bancos, incluso con fondos públicos, condicionando el apoyo a comportamientos «virtuosos» y finalizados a desarrollar la «economía real»;
c) sobre la definición de ámbito de actividad del crédito ordinario y del Investment Banking. Tal distinción permitiría una disciplina más eficaz de los «mercados paralelos» privados de controles y de límites.
Un sano realismo requeriría el tiempo necesario para construir amplios consensos, pero el horizonte del bien común universal está siempre presente con sus exigencias ineludibles. Es deseable, por consiguiente, que todos los que, en las Universidades y en los diversos Institutos, llamados a formar las clases dirigentes del mañana, es deseable se dediquen a prepararlas para asumir sus propias responsabilidades de discernir y de servir al bien público global, en un mundo que cambia constantemente. Es necesario resolver la divergencia entre la formación ética y la preparación técnica, evidenciando en modo particular la ineludible sinergia entre los campos de la praxis y de la poiésis.

El mismo esfuerzo es requerido a todos los que están en grado de iluminar la opinión pública mundial, para ayudarla a afrontar este mundo nuevo no ya en la angustia, sino en la esperanza y en la solidaridad.
Conclusiones

En medio de las incertezas actuales, en una sociedad capaz de movilizar medios ingentes, pero cuya reflexión en el campo cultural y moral permanece inadecuada respecto a su utilización en orden a la obtención de fines apropiados, estamos llamados a no rendirnos, y a construir sobre todo, un futuro que tenga sentido para las generaciones venideras. No se ha de temer el proponer cosas nuevas, aunque puedan desestabilizar equilibrios de fuerza preexistentes que dominan a los más débiles. Son una semilla que se arroja en la tierra, que germinará y no tardará en dar frutos.

Como ha exhortado Benedicto XVI, son indispensables personas y operadores, en todos los niveles – social, político, económico y profesional – motivados por el valor de servir y promover el bien común mediante una vida buena. Sólo ellos lograrán vivir y ver más allá de las apariencias de las cosas, percibiendo el desvarío entre lo real existente y lo posible nunca antes experimentado.

Pablo VI ha subrayado la fuerza revolucionaria de la «imaginación prospectiva», capaz de percibir en el presente las posibilidades inscritas en él y de orientar a los seres humanos hacia un futuro nuevo. Liberando la imaginación, la persona humana libera su propia existencia. A través de un compromiso de imaginación comunitaria es posible transformar, no sólo las instituciones, sino también los estilos de vida, y suscitar un futuro mejor para todos los pueblos.

Los Estados modernos, en el transcurso del tiempo, se han transformado en conjuntos estructurados, concentrando la soberanía al interior del propio territorio. Sin embargo las condiciones sociales, culturales y políticas han mutado progresivamente. Ha aumentado su interdependencia – hasta llegar a ser natural el pensar en una comunidad internacional integrada y regida cada vez más por un ordenamiento compartido – pero no ha desaparecido una forma deteriorada de nacionalismo, según el cual el Estado considera poder conseguir de modo autárquico, el bien de sus propios ciudadanos.

Hoy, todo eso parece surreal y anacrónico. Hoy, todas las naciones, pequeñas o grandes, junto con sus Gobiernos, están llamadas a superar dicho «estado de naturaleza» que ve a los Estados en perenne lucha entre sí. No obstante de algunos aspectos negativos, la globalización está unificando en mayor medida a los pueblos, impulsándolos a dirigirse hacia un nuevo «estado de derecho» a nivel supranacional, apoyado por una colaboración más intensa y fecunda. Con una dinámica análoga a la que en el pasado ha puesto fin a la lucha «anárquica», entre clanes y reinos rivales, en orden a la constitución de Estados nacionales, la humanidad hoy, tiene que comprometerse en la transición de una situación de luchas arcaicas entre entidades nacionales, hacia un nuevo modelo de sociedad internacional con mayor cohesión, poliárquica, respetuosa de la identidad de cada pueblo, dentro de las múltiples riquezas de una única humanidad. Este pasaje, que por lo demás tímidamente ya se está en curso, aseguraría a los ciudadanos de todos los Países – cualquiera que sea la dimensión o la fuerza que posee – paz y seguridad, desarrollo, libres mercados, estables y transparentes. «Así como dentro de cada Estado [...] el sistema de la venganza privada y de la represalia ha sido sustituido por el imperio de la ley – advierte Juan Pablo II – «así también es urgente ahora que semejante progreso tenga lugar en la Comunidad internacional».

Los tiempos para concebir instituciones con competencia universal llegan cuando están en juego bienes vitales y compartidos por toda la familia humana, que los Estados, individualmente, no son capaces de promover y proteger por sí solos.

Existen, pues, las condiciones para la superación definitiva de un orden internacional «westphaliano», en el que los Estados perciben la exigencia de la cooperación, pero no asumen la oportunidad de una integración de las respectivas soberanías para el bien común de los pueblos.

Es tarea de las generaciones presentes reconocer y aceptar conscientemente esta nueva dinámica mundial hacia la realización de un bien común universal. Ciertamente, esta transformación se realizará al precio de una transferencia gradual y equilibrada de una parte de las competencias nacionales a una Autoridad mundial y a las Autoridades regionales, pero esto es necesario en un momento en el cual el dinamismo de la sociedad humana y de la economía, y el progreso de la tecnología trascienden las fronteras, que en el mundo globalizado, de hecho están ya erosionadas.

La concepción de una nueva sociedad, la construcción de nuevas instituciones con vocación y competencia universales, son una prerrogativa y un deber de todos, sin distinción alguna. Está en juego el bien común de la humanidad, y el futuro mismo.

En este contexto, para cada cristiano hay una especial llamada del Espíritu a comprometerse con decisión y generosidad, para que las múltiples dinámicas en acto, se dirijan las hacia prospectivas de la fraternidad y del bien común. Se abren inmensas áreas de trabajo para el desarrollo integral de los pueblos y de cada persona. Como afirman los Padres del Concilio Vaticano II, se trata de una misión al mismo tiempo social y espiritual que, «en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios».

En un mundo en vías de una rápida globalización, remitirse a una Autoridad mundial llega a ser el único horizonte compatible con las nuevas realidades de nuestro tiempo y con las necesidades de la especie humana. No ha de ser olvidado, sin embargo, que esta paso, dada la naturaleza herida de los seres humanos, no se realiza sin angustias y sufrimientos.

La Biblia, con el relato de la Torre de Babel (Génesis 11,1-9) advierte cómo la «diversidad» de los pueblos puede transformarse en vehículo de egoísmo e instrumento de división. En la humanidad está muy presente el riesgo de que los pueblos terminen por no comprenderse más y que las diversidades culturales sean motivo de contraposiciones insanables. La imagen de la Torre de Babel también nos señala que es necesario preservarse de una «unidad» sólo aparente, en la que no cesan los egoísmos y las divisiones, porque los fundamentos de la sociedad no son estables. En ambos casos, Babel es la imagen de lo que los pueblos y los individuos pueden llegar a ser cuando no reconocen su intrínseca dignidad trascendente y su fraternidad.

El espíritu de Babel es la antítesis del Espíritu de Pentecostés (Hechos 2, 1-12), del designio de Dios para toda la humanidad, es decir, la unidad en la diversidad. Sólo un espíritu de concordia, que supere las divisiones y los conflictos, permitirá a la humanidad el ser auténticamente una única familia, hasta concebir un mundo nuevo con la constitución de una Autoridad pública mundial, al servicio del bien común.

WE – Arundhati Roy (Esp)

El siguiente clip recoge la mayor parte del discurso que la escritora Arundhati Roy dio en Santa Fe, Nuevo Méjico, el 18 de septiembre del 2002: “Ven Septiembre; ciudadanos de Estados Unidos: bienvenidos al mundo”.

Sorprende la claridad de ideas, el uso del lenguaje y, especialmente hoy, la visión de futuro de la escritora. A pesar de tener ya 10 años esta de absoluta actualidad.

El texto en castellano esta en parte basado en la traducción de Tania Molina Ramírez  revisada y adaptada al texto actual del reportaje. El clip esta en ingles original.

La ficción y la no–ficción son tan sólo diferentes técnicas para contar historias. Debido a razones que no comprendo totalmente, la ficción sale de mi bailando. La no–ficción sale a fuerza, a causa del mundo roto, dolorido, al cual despierto cada mañana.

El tema de gran parte de lo que escribo, tanto ficción como no–ficción, es la relación entre el poder y los que no tienen poder y el eterno conflicto circular en el cual están involucrados. (John Berger, ese maravilloso escritor, una vez escribió): “Nunca más será contada una historia como si fuese la única”. Nunca podrá haber una sola historia. Sólo hay maneras de ver. Así que cuando cuento una historia, no la cuento como una ideóloga que quiera enfrentar una ideología absolutista contra otra, sino como una narradora de historias que quiere compartir su manera de ver. Aunque parezca ser de otra manera, mi escritura no trata sobre naciones e historia, trata sobre el poder. Sobre la paranoia y la crueldad del poder. Sobre la física del poder. Yo creo que la acumulación de un poder inmenso, sin límites, por parte de un Estado o un país, una corporación o una institución –o hasta un individuo, un cónyuge, un amigo o un hermano– sin importar la ideología, lleva a excesos como los que aquí recuento.

Viviendo como yo lo hago, como millones de nosotros lo hacemos, a la sombra del holocausto nuclear constantemente prometido por los gobiernos de la India y Pakistán a su ciudadanía “lavada del cerebro”; viviendo en el barrio global de la Guerra contra el Terror (lo que el presidente Bush, un tanto bíblicamente, llama “La Tarea Que Nunca Termina”), me descubro a mí misma pensando mucho en la relación entre los Ciudadanos y el Estado.

En la India, aquellos de nosotros que hemos expresado puntos de vista sobre las Bombas Nucleares, las Grandes Presas, la Globalización Corporativa y la creciente amenaza del fascismo comunal indio –puntos de vista que difieren con el del gobierno de la India– somos etiquetados como “anti–nacionales”. Si bien esta acusación no me llena de indignación, no es una descripción precisa de lo que hago o de cómo pienso. Un “anti–nacional” es una persona que está en contra de su nación y, por deducción, está a favor de alguna otra. Pero no se necesita ser “anti–nacional” para sospechar profundamente de todo nacionalismo, para ser anti–nacionalismo. El nacionalismo, de uno u otro estilo, fue la causa de la mayor parte del genocidio del siglo veintiuno. Las banderas son pedazos de tela de colores que los gobiernos usan, primero para encoger– las mentes de las personas y después como mortaja para enterrar a los muertos. Cuando personas independientes, pensantes (y aquí no incluyo a los grandes medios de comunicación) comienzan a reunirse bajo banderas, cuando escritores, pintores, músicos, cineastas dejan de tener juicio propio y ciegamente ponen su arte bajo el yugo de la “Nación”, es hora de que todos nosotros nos pongamos en alerta y nos preocupemos. En la India vimos que esto sucedió poco después de las pruebas nucleares de 1998 y durante la Guerra de Kargil contra Pakistán en 1999. En Estados Unidos lo vimos durante la Guerra del Golfo y lo vemos ahora, durante la “Guerra contra el Terror”. Esa ventisca de banderas estadounidenses Hechas-en-China.

Recientemente, aquellos que han criticado las acciones del gobierno estadounidense (incluyéndome a mí) han sido nombrados “anti–estadounidenses”. El Anti–estadounidensismo está en el proceso de ser consagrado como una ideología.

Ser anti–estadunidense

Normalmente, el término “anti–estadounidense” es usado por el establishment estadounidense para desacreditar y, sin falsedad –pero, digamos que sin precisión– definir a sus críticos. Una vez que alguien es etiquetado como anti–estadounidense, lo más probable es que sea juzgado antes de ser escuchado y el argumento se perderá en la confusión del mellado orgullo nacional.

¿Qué significa el término “anti–estadounidense”? ¿Significa que estás en contra del jazz? ¿O que te opones a la libertad de expresión? ¿Que no te deleitas con Toni Morrison o John Updike? ¿Que tienes algo en contra del gigante sequoia? ¿Significa que no admiras a los cientos de miles de ciudadanos estadounidenses que marcharon contra las armas nucleares, o a los miles que se opusieron a la guerra y que orillaron a su gobierno a retirarse de Vietnam?

Sería absurdo pensar que aquellos que critican al gobierno de la India son “anti–indios” –aunque el gobierno nunca duda en seguir esa línea–. Es peligroso cederle al gobierno indio o al gobierno estadounidense o, en ese caso, a cualquiera, el derecho a definir qué es, o debe ser, “India” o “Estados Unidos”.

Llamar a alguien “anti–estadounidense”, de hecho, ser anti–estadounidense (o en ese caso, anti–indio, o anti–timbuktú), no sólo es racista, es una falla de la imaginación. Una inhabilidad de ver el mundo en términos distintos a los que el establishment ha expuesto: Si no eres un Bushie, eres talibán. Si no nos amas, nos odias. Si no eres Bueno, eres Malvado. Si no estás con nosotros, estás con los terroristas.

Todos los días me sorprendo de la cantidad de gente que cree que oponerse a la guerra en Afganistán equivale a apoyar al terrorismo, o votar a favor del Talibán.

El año pasado, cometí el error, como lo hicieron muchos otros, de burlarme de esta retórica post-11 de Septiembre, desdeñándola como tonta y arrogante. Me he dado cuenta de que de ninguna manera es tonta. De hecho, es un astuto plan de reclutamiento para una guerra peligrosa y mal comprendida.

Ahora que la meta inicial de la guerra, –capturar a Osama Bin Laden (muerto o vivo)–, parece haberse topado con mal clima, los postes de la portería se han movido.

La pérdida

Casi tres mil civiles perdieron su vida en aquel letal ataque terrorista. El dolor aún es profundo. La ira aún aguda. Las lágrimas no se han secado. Y una extraña, mortífera guerra se ha desatado alrededor del mundo. Sin embargo, cada persona que ha perdido a un ser amado seguramente sabe, secretamente, en lo más hondo, que ninguna guerra, ningún acto de venganza, ninguna bomba daisy-cutter [corta-margaritas] lanzada sobre los seres amados o de los niños de algún otro, limará el filo de su dolor o les traerá a sus seres queridos de regreso. La guerra no puede vengarse por aquellos que murieron. La guerra es sólo una brutal profanación de su memoria.

Alimentar todavía otra guerra –esta vez contra Irak– a través de manipular cínicamente el dolor de las personas, a través de empaquetarlo en especiales televisivos patrocinados por corporaciones que venden detergente o zapatillas deportivas, es abaratar y devaluar el dolor, vaciarlo de su sentido. Lo que ahora vemos es una vulgar manifestación del negocio del dolor, el comercio del dolor, el saqueo de hasta los más privados sentimientos humanos para un propósito político. Es una cosa violenta, terrible, de un Estado hacia su pueblo.

No es un tema muy inteligente del cual hablar desde una plataforma pública, pero de lo que realmente me gustaría hablar con ustedes es de la Pérdida. La Pérdida y perder. El dolor, el fracaso, lo roto, lo entumecido, la incertidumbre, el miedo, la muerte del sentimiento, la muerte del sueño. La absoluta, despiadada, interminable, habitual injusticia del mundo. ¿Qué significa la pérdida para los individuos? ¿Qué significa para culturas completas, pueblos completos que han aprendido a vivir con ella como una constante compañera?

Ya que estamos hablando del 11 de septiembre, quizá venga al caso que recordemos lo que significa esa fecha, no sólo para aquellos que el año pasado perdieron a seres amados en Estados Unidos, sino también para todos aquellos que, desde hace mucho, esta fecha ha tenido un significado. Este “dragado” histórico no se ofrece como una acusación o como una provocación. Sino tan sólo para compartir el dolor de la historia. Para desvanecer un poco la niebla. Para decirles a los ciudadanos de Estados Unidos, de la manera más suave, más humana: Bienvenidos al mundo.

Los septiembres

Hace 29 años, en Chile, el 11 de septiembre de 1973, el general Pinochet derrocó al gobierno elegido democráticamente de Salvador Allende a través de un golpe de Estado apoyado por la CIA. “

En el régimen de terror que siguió, miles de personas fueron asesinadas. Muchas más simplemente fueron “desaparecidas”. Pelotones de soldados condujeron ejecuciones públicas. En todo el país se abrieron campos de concentración y cámaras de tortura. Se enterraron a los muertos en pozos mineros y tumbas sin nombres. Durante 17 años, el pueblo de Chile vivió atemorizado de que tocaran a la puerta de su casa a medianoche, de las “desapariciones” rutinarias, de las aprehensiones repentinas y la tortura.

En 1999, tras el arresto del general Pinochet en Gran Bretaña, miles de documentos secretos fueron desclasificados por el gobierno estadounidense. Contienen evidencia inequívoca de la involucracion de la CIA en el golpe de Estado, así como del hecho de que el gobierno estadounidense tenía información detallada sobre la situación en Chile durante el reino del general Pinochet. Aún así, Kissinger le aseguró al general que contaba con su apoyo: “En Estados Unidos, como usted sabe, simpatizamos con lo que está tratando de hacer”, dijo; “le deseamos lo mejor a su gobierno”.

Aquellos de nosotros que sólo hemos conocido la vida en una democracia, por más defectuosa que sea, difícilmente podríamos imaginar lo que realmente significa vivir en una dictadura y soportar la pérdida absoluta de la libertad. No sólo se trata de aquellos a los cuales Pinochet asesinó, también se debe tomar en cuenta las vidas que les robó a los que estaban vivos.

Tristemente, Chile no fue el único país en Sudamérica en ser seleccionado para recibir las atenciones del gobierno estadounidense. Guatemala, Costa Rica, Ecuador, Brasil, Perú, República Dominicana, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Panamá, El Salvador, México y Colombia: todos han sido el patio de recreo para las operaciones cubiertas –y descubiertas– de la CIA. Cientos de miles de latinoamericanos han sido asesinados, torturados o simplemente han desaparecido bajo los regímenes despóticos. Si esto no era suficiente humillación, los pueblos de Sudamérica han tenido que cargar con la cruz de ser etiquetados como pueblos incapaces de ejercer una democracia –como si los golpes y las masacres fuesen parte de sus genes–.

Las “fallas geológicas”

Esta lista, claro, no incluye a los países en Africa o Asia que sufrieron intervenciones militares –Vietnam, Corea, Indonesia, Laos y Cambodia–. ¿Durante cuántos septiembres, por décadas, han sido bombardeados, quemados, asesinados millones de asiáticos?

El 11 de septiembre también tiene una resonancia trágica en Medio Oriente. El 11 de septiembre de 1922, ignorando la indignación árabe, el gobierno británico proclamó un mandato en Palestina, como consecuencia de la Declaración Balfour de 1917, promulgada por la Gran Bretaña Imperial, con su ejército desplegado a las puerta de la ciudad de Gaza. La Declaración Balfour le prometía a los sionistas europeos un hogar nacional para el pueblo judío. En aquel momento, el Imperio sobre el cual el Sol Nunca Se Ponía era libre de arrebatar y legar los hogares nacionales de la misma manera en que el niño bravucón de la escuela distribuye las canicas.

Qué descuidadamente hizo el poder Imperial la vivisección de las antiguas civilizaciones. Palestina y Cachemira son los regalos, que manan sangre y supuran, de la Gran Bretaña Imperial al mundo moderno. Ambos son las “fallas geológicas” de los imperantes conflictos internacionales de hoy.

En 1937 Winston Churchill dijo de los palestinos: ““No estoy de acuerdo en que un perro en un pesebre tiene el derecho supremo al pesebre, aunque haya estado ahí echado durante mucho tiempo. No admito ese derecho. No admito, por ejemplo, que se le haya hecho un gran mal a los pieles rojas o a los negros en Australia. No admito que se haya hecho algún mal a estas personas por el hecho de que una raza más fuerte, una raza de más alto rango, una raza de más mundo, por ponerlo de alguna manera, haya entrado y haya tomado su lugar””. Eso marcó la pauta de la actitud del Estado israelí hacia los palestinos.

En 1947 la ONU oficialmente partió Palestina y asignó el 55% de la tierra palestina a los sionistas. En el lapso de un año habían capturado 78%. El 14 de mayo de 1948 se declaró el Estado de Israel. Minutos después de la declaración, Estados Unidos reconoció a Israel. Cisjordania fue anexado a Jordania. La franja de Gaza quedó bajo control militar egipcio. Oficialmente, Palestina dejaba de existir, excepto dentro de las mentes y corazones de cientos de miles de palestinos que se convirtieron en refugiados. En 1967, Israel ocupó Cisjordania y la Franja de Gaza.

A lo largo de décadas ha habido sublevaciones, guerras, entifadas. Se han perdido decenas de miles de vidas. Se han firmado acuerdos y tratados. Se han declarado y violado todo alto el fuego. Pero el derrame de sangre no termina. Palestina aún permanece ilegalmente ocupada. Su gente vive en condiciones infrahumanas, en virtuales bantustanes, donde son sometidos a castigos colectivos, toques de queda de 24 horas, donde son humillados y brutalizados a diario. No saben cuándo va a ser demolida su casa, cuándo van a disparar contra sus niños, cuándo cortarán sus preciosos árboles, cuándo cerrarán sus calles, cuándo les permitirán ir al mercado a comprar comida y medicamentos. Y cuándo no. Viven sin el menor rastro de dignidad. Con poca esperanza a la vista. No tienen control sobre sus tierras, su seguridad, su movimiento, su comunicación, su abastecimiento de agua. Así que cuando se firman acuerdos y se difunden palabras como “autonomía” e incluso “Estado”, siempre vale la pena preguntar: ¿Qué tipo de autonomía? ¿Qué tipo de Estado? ¿Qué tipo de derechos tendrán sus ciudadanos?

Los jóvenes palestinos que no pueden contener su enojo se transforman a sí mismos en bombas humanas y atormentan las calles y lugares públicos de Israel, haciendes explosionar, matando a gente común y corriente, inyectándole terror a la vida cotidiana, y eventualmente endureciendo el odio mutuo y la sospecha entre ambas sociedades. Cada bombardeo invita a despiadadas revanchas y a más sufrimiento para los palestinos. Pero una bomba suicida es un acto de desesperación individual, no una táctica revolucionaria. A pesar de que los ataques palestinos atemorizan a los civiles israelíes, proveen de la cubierta perfecta para las incursiones diarias del gobierno israelí en territorio palestino, la excusa perfecta para un colonialismo del siglo diecinueve, fuera de moda, arreglado para aparecer como una “guerra” a la moda, del siglo veintiuno.

El sufrimiento, ¿mecha de la crueldad?

El aliado político y militar más fiel de Israel es, y siempre ha sido, el gobierno estadounidense. El gobierno estadounidense ha bloqueado, junto con Israel, casi todas las resoluciones de la ONU que buscaban una solución pacífica, equitativa, al conflicto. Ha apoyado casi todas las guerras que Israel ha luchado. Cuando Israel ataca a los palestinos, misiles estadounidenses son los que perforan sus hogares. Y cada año Israel recibe varios miles de millones de dólares de Estados Unidos. Dinero de los contribuyentes.

¿Qué lecciones debemos extraer de este trágico conflicto? ¿Es realmente imposible que el pueblo judío que sufrió tan cruelmente, –más cruelmente, quizá, que ningún otro pueblo en la historia,– comprenda la vulnerabilidad y la añoranza de aquellos a los que ellos desplazaron? ¿El extremo sufrimiento también enciende la crueldad? ¿Qué esperanza le deja a la humanidad? ¿Qué sucederá con el pueblo palestino si obtiene la victoria? Cuando una nación sin Estado eventualmente proclama un Estado, ¿qué tipo de Estado será? ¿Qué horrores se perpetrarán bajo su bandera? ¿Deberíamos estar luchando por un Estado separado o por el derecho a una vida con libertad y dignidad para todos, sin importar origen étnico o religión?

El mundo está llamado a condenar los atques suicidas. Pero, ¿podemos ignorar el largo camino que anduvieron antes de llegar a este destino? Del 11 de septiembre de 1922 al 11 de septiembre de 2002 –80 años es un largo, largo tiempo para estar librando una guerra–. ¿Hay algún consejo que el mundo le pueda dar al pueblo de Palestina?

El pecado de Saddam

En otro lugar del Medio Oriente, el 11 de septiembre trae a la memoria algo más reciente. Fue el 11 de septiembre de 1990 cuando George Bush Padre, entonces presidente de Estados Unidos, dio un discurso en una sesión conjunta del Congreso anunciando la decisión de su gobierno de emprender la guerra contra Irak.

El gobierno estadounidense dice que Saddam Hussein es un criminal de guerra, un cruel militar déspota que ha cometido genocidio contra su propio pueblo. Esa es una descripción bastante acertada del hombre. En 1988 arrasó con cientos de pueblos al norte de Irak y usó armas químicas y ametralladoras para matar a miles de kurdos. Hoy sabemos que ese mismo año el gobierno estadounidense le otorgó 500 millones de dólares en subsidios para comprar productos agrícolas estadounidenses. El siguiente año, tras haber completado con éxito su campaña genocida, el gobierno estadounidense duplicó el subsidio a mil millones de dólares. También le dio una semilla madre de alta calidad para ántrax, así como helicópteros y material de uso dual que podría ser usado para manufacturar armas químicas y biológicas.

Así que resulta que mientras Saddam Hussein llevaba a cabo sus peores atrocidades, los gobiernos estadounidense y británico eran sus aliados más cercanos.

¿Qué cambió? En agosto de 1990, Saddam Hussein invadió Kuwait. Su pecado no fue tanto que cometiera un acto de guerra, sino que actuó con independencia, sin recibir órdenes de sus amos. Esta demostración de independencia fue suficiente para desequilibrar la ecuación de poder en el Golfo. Así que se llegó a la decisión de que Saddam Hussein debía ser exterminado, como a un perro que ha durado más que el afecto de su dueño.

El primer ataque aliado sobre Irak tuvo lugar en enero de 1991. El mundo miró la guerra en horario estelar mientras era jugada por televisión. (En la India, en aquellos días, tenías que ir al lobby de un hotel de cinco estrellas para ver CNN.) Decenas de miles de personas fueron asesinadas en un mes de bombardeo devastador. Lo que muchos no saben es que la guerra no terminó ahí. La furia inicial se fue diluyendo hasta convertirse en el más largo ataque aéreo perpetrado contra un país desde la Guerra de Vietnam. Durante la pasada década, las fuerzas estadounidenses y británicas dispararon miles de misiles y bombas sobre Irak.

No hay confusión respecto a la extensión y alcance del arsenal de armas nucleares y químicas de Estados Unidos. ¿Estados Unidos daría la bienvenida a inspectores de armas? ¿Lo haría el Reino Unido? ¿O Israel?

Estados Unidos tiene el arsenal más grande de armas nucleares del mundo. Es el único país en el mundo que las ha utilizado contra la población civil. Si se justifica que Estados Unidos lance un ataque preventivo contra Irak, entonces, se justifica que cualquier poder nuclear lleve a cabo un ataque preventivo contra cualquier otro. La India podría atacar Pakistán, o viceversa. Si al gobierno estadounidense le provoca una aversión el primer ministro de la India, ¿puede simplemente “quitarlo” a través de un ataque preventivo?

Hace poco Estados Unidos jugó un papel importante el forzar paz entre India y Pakistán que estaban al borde de la guerra. ¿Es tan difícil que siga sus propios consejos? ¿Quién es culpable de la irresponsable moralización? ¿De sermonear por la paz mientras hace la guerra? Estados Unidos, que George Bush ha llamado “la nación más pacífica sobre la Tierra”, ha estado en guerra contra uno u otro país en cada uno de los 50 años pasados.

El puño oculto

Las guerras nunca se han luchado por razones altruistas. Normalmente se luchan por hegemonía, por negocios. Y, claro, también está el negocio de la guerra. Para la política exterior estadounidense es fundamental proteger su control sobre el petróleo del mundo. Las recientes intervenciones militares del gobierno estadounidense en los Balcanes y Asia Central tienen que ver con el petróleo. Se dice que Hamid Karzai, el presidente marioneta de Afganistán, impuesto por Estados Unidos, es ex empleado de Unocal, una compañía petrolera con base en Estados Unidos. La paranoide vigilancia del gobierno estadounidense en el Medio Oriente se debe a que esta región tiene dos tercios de las reservas petroleras del mundo. El petróleo mantiene los motores de Estados Unidos ronroneando dulcemente. El petróleo mantiene el Libre Mercado andando. Quien controle el petróleo del mundo controla el mercado mundial. Y, ¿cómo controlas el petróleo?

Nadie lo explica de manera más elegante que el columnista de The New York Times Thomas Friedman. En un artículo llamado “”La locura paga”” dice que “Estados Unidos le tiene que dejar claro a Irak y a los aliados de Estados Unidos que … Estados Unidos usará la fuerza sin negociación, titubeo o la aprobación de la ONU”. Su consejo fue escuchado. En las guerras contra Irak y Afganistán, así como en la prácticamente diaria humillación del gobierno estadounidense a la ONU. En su libro sobre globalización, “The lexus and the olive tree”, Friedman dice: ““La mano oculta del mercado nunca funcionará sin un puño oculto. McDonald’s no puede florecer sin McDonnell Douglas… Y el puño oculto que mantiene al mundo seguro para que las tecnologías de Silicon Valley florezcan se llama el ejército estadunidense, la Fuerza Aérea, la Marina, y los Marines””. Quizá esto fue escrito en un momento de vulnerabilidad, pero ciertamente es la más sucinta, precisa descripción del proyecto de Globalización Corporativa que jamás he leído.

Tras el 11 de septiembre de 2001 y la Guerra contra el Terror, la mano y el puño ocultos han quedado al descubierto –y ahora tenemos una clara visión del otro arma de Estados Unidos, –el Libre Mercado,– acechando sobre el Mundo en Desarrollo, con una apretada sonrisa que no sonríe. La Tarea que Nunca Termina es la guerra perfecta de Estados Unidos, el vehículo perfecto para la expansión sin fin del Imperialismo estadounidense.

Imagina que no hay países…

En los pasados 10 años de desbocada Globalización Empresarial, el ingreso total del mundo se ha incrementado en un 2,5% anual. Y sin embargo el número de pobres en el mundo se ha incrementado en 100 millones. De las 100 economías más grandes, 51 son empresas, no países. El 1% del mundo tiene el mismo ingreso combinado que el 57% más bajo y la disparidad va en aumento. Ahora, bajo la bóveda en expansión de la Guerra Contra el Terror, este proceso es empujado hacia adelante. Los hombres de traje tienen una prisa desmedida. Mientras nos llueven bombas, y los misiles navegan por los cielos, mientras las armas nucleares se apilan para hacer del mundo un lugar más seguro, se firman contratos, se registran patentes, se construyen oleoductos, se saquean los recursos naturales, se privatiza el agua y se socavan las democracias.

En un país como la India, el “ajuste estructural” del proyecto de la Globalización Corporativa está destrozando las vidas de las personas. Los proyectos de “desarrollo”, la privatización masiva, y las “reformas” laborales están empujando a la gente fuera de sus tierras y de sus trabajos, resultando en una especie de bárbaro despojo que tiene pocos paralelos en la historia. En todo el mundo, mientras el “Mercado Libre” descaradamente protege los mercados occidentales y fuerza a los países en desarrollo a eliminar sus barreras comerciales, los pobres se vuelven más pobres y los ricos más ricos. El descontento civil ha comenzado a hacer erupción en la aldea global. En países como Argentina, Brasil, México, Bolivia, la India, los movimientos de resistencia contra la Globalización Corporativa crecen. Para contenerlos, los gobiernos aprietan su control. Los manifestantes son etiquetados como “terroristas” y luego son tratados como tales. Pero el descontento civil no sólo significa marchas y manifestaciones y protestas contra la globalización. Desafortunadamente también significa una desesperada espiral descendiente, hacia el crimen y el caos y todo tipo de desesperación y desilusión que, como sabemos por la historia (y por lo que vemos desatándose ante nuestros ojos), gradualmente se torna en un campo fértil para cosas terribles: –nacionalismo cultural, fanatismo religioso, fascismo, y claro, terrorismo–.

Todos estos van de la mano con la Globalización Corporativa.

Hay una idea que está ganando crédito: el Libre Mercado rompe las barreras nacionales, y el destino final de la Globalización Corporativa es un paraíso hippie donde el corazón es el único pasaporte y todos vivimos felices juntos, dentro de la canción de John Lennon (Imagina que no hay países…) Esto es una patraña.

Lo que el Libre Mercado socava no es la soberanía nacional, sino la democracia. Conforme crece la disparidad entre los ricos y los pobres, el puño oculto tiene su trabajo trazado. Las multinacionales, –al acecho de “buenos negocios ” que les den enormes ganancias–, no pueden llevar a buen término los negocios y administrar esos proyectos en países en desarrollo sin la activa connivencia de la maquinaria estatal: –la policía, los tribunales de justicia, a veces incluso el ejército–. Hoy, la globalización Corporativa requiere una confederación internacional de gobiernos leales, corruptos, preferentemente autoritarios en países más pobres, para que empujen las reformas impopulares y sofoquen los motines. Necesita de una prensa que finja ser libre. Necesita tribunales de justicia que finjan repartir justicia. Necesita bombas nucleares, ejércitos, leyes más estrictas de inmigración, y vigilantes patrullas costeras para asegurarse de que sólo el dinero, los bienes, las patentes y los servicios se globalicen –no el libre movimiento de las personas, no el respeto a los derechos humanos, no los tratados internacionales sobre discriminación racial o armas químicas y nucleares, o emisiones de gases de efecto invernadero, o cambio climático, o ni lo mande dios, la justicia–. Es como si un solo gesto hacia una rendición de cuentas internacional pudiera echar a perder todo el negocio.

Cerca de un año después de que oficialmente se diera el banderazo de salida a la Guerra Contra el Terror en las ruinas de Afganistán, en un país tras otro, las libertades son reducidas en nombre de la protección a la libertad; las libertades civiles son suspendidas en nombre de la protección a la democracia. Todo tipo de disensión es definido como “terrorismo”. Se están aprobando toda clase de leyes para lidiar con ella. Parece que Osama Bin Laden desapareció. Se dice que el muhla Omar escapó en una motocicleta. (Podrían haber mandado a Tin–Tin tras él). Puede ser que el Talibán haya desaparecido, pero su espíritu y su sistema de justicia sumaria está emergiendo en los lugares menos esperados. En la India, en Pakistán, en Nigeria, en Estados Unidos, en todas las Repúblicas Centroasiáticas encabezadas por todo tipo de déspotas, y claro, en Afganistán bajo la Alianza del Norte apoyada por Estados Unidos.

El momento ha llegado

Mientras tanto, en el centro comercial hay una oferta de mitad de temporada. Todo está en saldo: –océanos, ríos, petróleo, bancos genéticos, avispas polinizadoras de higos, flores, infancia, fábricas de aluminio, compañías telefónicas, sabiduría, lo silvestre, derechos civiles, ecosistemas, aire–… toda la evolución de 4.600 millones de años. Está empaquetado, sellado, etiquetado, con precio y listo en el estante. No se aceptan devoluciones. En cuanto a la justicia, me dicen que también está de oferta. Puedes obtener la mejor que el dinero puede comprar.

Donald Rumsfeld dijo que su misión en la Guerra Contra el Terror era convencer al mundo de que se debe permitir a los estadounidenses continuar con su estilo de vida. Cuando el enloquecido rey golpea el suelo, los esclavos tiemblan en sus barracones. Así que hoy, aquí delante de todos, me es difícil decir esto, pero el “Estilo de Vida Estadounidense” (The American Way of Life) simplemente no se puede sostener. Porque no reconoce que haya un mundo más allá de Estados Unidos.

Afortunadamente, el poder tiene fecha de caducidad. Cuando llegue el momento, quizá este poderoso imperio, como muchos otros antes de él, se rebasará a sí mismo y hará implosión desde sus entrañas. Parece que ya comenzaron a aparecer grietas estructurales. Conforme la Guerra Contra el Terror expande su red más y más lejos, el corazón corporativo de Estados Unidos sangra más y más. A pesar de toda la vacía habladuría sin fin sobre la democracia, hoy el mundo esta gobernado por tres de las instituciones más sigilosas del mundo: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio; estas tres, a su vez, están dominadas por Estados Unidos. Sus decisiones se toman en secreto. Las personas que las encabezan son designadas a puerta cerrada. Nadie sabe realmente nada sobre ellos, sus políticas, sus creencias, sus intenciones. Nadie los eligió. Nadie dijo que podían tomar decisiones por nosotros. Un mundo gobernado por un puñado de banqueros y directores ejecutivos empresariales egoístas que nadie eligió seguramente no puede durar.

El comunismo estilo soviético fracasó, no porque fuese intrínsecamente malvado, sino porque tenía errores. Permitía que demasiados pocos usurparan demasiado poder. El capitalismo de mercado del siglo veintiuno, estilo estadounidense, fallará debido a las mismas razones. Ambos son construcciones de la inteligencia humana, deshechos por la naturaleza humana.

El momento ha llegado, dijo la Morsa. Quizá las cosas empeoren y luego mejoren.

NB. El texto del clip acaba aqui. El discurso en realidad sigue con un par mas de frases que considero interesante recoger a continuación:

Quizá haya una pequeña diosa allá arriba, en el cielo, alistándose para nosotros. Otro mundo no sólo es posible, ya está en camino. Quizá muchos de nosotros no estemos aquí para darle la bienvenida, pero en un día tranquilo, si escucho con atención, la oigo respirar.