El siguiente clip recoge la mayor parte del discurso que la escritora Arundhati Roy dio en Santa Fe, Nuevo Méjico, el 18 de septiembre del 2002: “Ven Septiembre; ciudadanos de Estados Unidos: bienvenidos al mundo”.
Sorprende la claridad de ideas, el uso del lenguaje y, especialmente hoy, la visión de futuro de la escritora. A pesar de tener ya 10 años esta de absoluta actualidad.
El texto en castellano esta en parte basado en la traducción de Tania Molina Ramírez revisada y adaptada al texto actual del reportaje. El clip esta en ingles original.
La ficción y la noficción son tan sólo diferentes técnicas para contar historias. Debido a razones que no comprendo totalmente, la ficción sale de mi bailando. La noficción sale a fuerza, a causa del mundo roto, dolorido, al cual despierto cada mañana.
El tema de gran parte de lo que escribo, tanto ficción como noficción, es la relación entre el poder y los que no tienen poder y el eterno conflicto circular en el cual están involucrados. (John Berger, ese maravilloso escritor, una vez escribió): Nunca más será contada una historia como si fuese la única. Nunca podrá haber una sola historia. Sólo hay maneras de ver. Así que cuando cuento una historia, no la cuento como una ideóloga que quiera enfrentar una ideología absolutista contra otra, sino como una narradora de historias que quiere compartir su manera de ver. Aunque parezca ser de otra manera, mi escritura no trata sobre naciones e historia, trata sobre el poder. Sobre la paranoia y la crueldad del poder. Sobre la física del poder. Yo creo que la acumulación de un poder inmenso, sin límites, por parte de un Estado o un país, una corporación o una institución o hasta un individuo, un cónyuge, un amigo o un hermano sin importar la ideología, lleva a excesos como los que aquí recuento.
Viviendo como yo lo hago, como millones de nosotros lo hacemos, a la sombra del holocausto nuclear constantemente prometido por los gobiernos de la India y Pakistán a su ciudadanía lavada del cerebro; viviendo en el barrio global de la Guerra contra el Terror (lo que el presidente Bush, un tanto bíblicamente, llama La Tarea Que Nunca Termina), me descubro a mí misma pensando mucho en la relación entre los Ciudadanos y el Estado.
En la India, aquellos de nosotros que hemos expresado puntos de vista sobre las Bombas Nucleares, las Grandes Presas, la Globalización Corporativa y la creciente amenaza del fascismo comunal indio puntos de vista que difieren con el del gobierno de la India somos etiquetados como antinacionales. Si bien esta acusación no me llena de indignación, no es una descripción precisa de lo que hago o de cómo pienso. Un antinacional es una persona que está en contra de su nación y, por deducción, está a favor de alguna otra. Pero no se necesita ser antinacional para sospechar profundamente de todo nacionalismo, para ser antinacionalismo. El nacionalismo, de uno u otro estilo, fue la causa de la mayor parte del genocidio del siglo veintiuno. Las banderas son pedazos de tela de colores que los gobiernos usan, primero para encoger las mentes de las personas y después como mortaja para enterrar a los muertos. Cuando personas independientes, pensantes (y aquí no incluyo a los grandes medios de comunicación) comienzan a reunirse bajo banderas, cuando escritores, pintores, músicos, cineastas dejan de tener juicio propio y ciegamente ponen su arte bajo el yugo de la Nación, es hora de que todos nosotros nos pongamos en alerta y nos preocupemos. En la India vimos que esto sucedió poco después de las pruebas nucleares de 1998 y durante la Guerra de Kargil contra Pakistán en 1999. En Estados Unidos lo vimos durante la Guerra del Golfo y lo vemos ahora, durante la Guerra contra el Terror. Esa ventisca de banderas estadounidenses Hechas-en-China.
Recientemente, aquellos que han criticado las acciones del gobierno estadounidense (incluyéndome a mí) han sido nombrados antiestadounidenses. El Antiestadounidensismo está en el proceso de ser consagrado como una ideología.
Ser antiestadunidense
Normalmente, el término antiestadounidense es usado por el establishment estadounidense para desacreditar y, sin falsedad pero, digamos que sin precisión definir a sus críticos. Una vez que alguien es etiquetado como antiestadounidense, lo más probable es que sea juzgado antes de ser escuchado y el argumento se perderá en la confusión del mellado orgullo nacional.
¿Qué significa el término antiestadounidense? ¿Significa que estás en contra del jazz? ¿O que te opones a la libertad de expresión? ¿Que no te deleitas con Toni Morrison o John Updike? ¿Que tienes algo en contra del gigante sequoia? ¿Significa que no admiras a los cientos de miles de ciudadanos estadounidenses que marcharon contra las armas nucleares, o a los miles que se opusieron a la guerra y que orillaron a su gobierno a retirarse de Vietnam?
Sería absurdo pensar que aquellos que critican al gobierno de la India son antiindios aunque el gobierno nunca duda en seguir esa línea. Es peligroso cederle al gobierno indio o al gobierno estadounidense o, en ese caso, a cualquiera, el derecho a definir qué es, o debe ser, India o Estados Unidos.
Llamar a alguien antiestadounidense, de hecho, ser antiestadounidense (o en ese caso, antiindio, o antitimbuktú), no sólo es racista, es una falla de la imaginación. Una inhabilidad de ver el mundo en términos distintos a los que el establishment ha expuesto: Si no eres un Bushie, eres talibán. Si no nos amas, nos odias. Si no eres Bueno, eres Malvado. Si no estás con nosotros, estás con los terroristas.
Todos los días me sorprendo de la cantidad de gente que cree que oponerse a la guerra en Afganistán equivale a apoyar al terrorismo, o votar a favor del Talibán.
El año pasado, cometí el error, como lo hicieron muchos otros, de burlarme de esta retórica post-11 de Septiembre, desdeñándola como tonta y arrogante. Me he dado cuenta de que de ninguna manera es tonta. De hecho, es un astuto plan de reclutamiento para una guerra peligrosa y mal comprendida.
Ahora que la meta inicial de la guerra, capturar a Osama Bin Laden (muerto o vivo), parece haberse topado con mal clima, los postes de la portería se han movido.
La pérdida
Casi tres mil civiles perdieron su vida en aquel letal ataque terrorista. El dolor aún es profundo. La ira aún aguda. Las lágrimas no se han secado. Y una extraña, mortífera guerra se ha desatado alrededor del mundo. Sin embargo, cada persona que ha perdido a un ser amado seguramente sabe, secretamente, en lo más hondo, que ninguna guerra, ningún acto de venganza, ninguna bomba daisy-cutter [corta-margaritas] lanzada sobre los seres amados o de los niños de algún otro, limará el filo de su dolor o les traerá a sus seres queridos de regreso. La guerra no puede vengarse por aquellos que murieron. La guerra es sólo una brutal profanación de su memoria.
Alimentar todavía otra guerra esta vez contra Irak a través de manipular cínicamente el dolor de las personas, a través de empaquetarlo en especiales televisivos patrocinados por corporaciones que venden detergente o zapatillas deportivas, es abaratar y devaluar el dolor, vaciarlo de su sentido. Lo que ahora vemos es una vulgar manifestación del negocio del dolor, el comercio del dolor, el saqueo de hasta los más privados sentimientos humanos para un propósito político. Es una cosa violenta, terrible, de un Estado hacia su pueblo.
No es un tema muy inteligente del cual hablar desde una plataforma pública, pero de lo que realmente me gustaría hablar con ustedes es de la Pérdida. La Pérdida y perder. El dolor, el fracaso, lo roto, lo entumecido, la incertidumbre, el miedo, la muerte del sentimiento, la muerte del sueño. La absoluta, despiadada, interminable, habitual injusticia del mundo. ¿Qué significa la pérdida para los individuos? ¿Qué significa para culturas completas, pueblos completos que han aprendido a vivir con ella como una constante compañera?
Ya que estamos hablando del 11 de septiembre, quizá venga al caso que recordemos lo que significa esa fecha, no sólo para aquellos que el año pasado perdieron a seres amados en Estados Unidos, sino también para todos aquellos que, desde hace mucho, esta fecha ha tenido un significado. Este dragado histórico no se ofrece como una acusación o como una provocación. Sino tan sólo para compartir el dolor de la historia. Para desvanecer un poco la niebla. Para decirles a los ciudadanos de Estados Unidos, de la manera más suave, más humana: Bienvenidos al mundo.
Los septiembres
Hace 29 años, en Chile, el 11 de septiembre de 1973, el general Pinochet derrocó al gobierno elegido democráticamente de Salvador Allende a través de un golpe de Estado apoyado por la CIA.
En el régimen de terror que siguió, miles de personas fueron asesinadas. Muchas más simplemente fueron desaparecidas. Pelotones de soldados condujeron ejecuciones públicas. En todo el país se abrieron campos de concentración y cámaras de tortura. Se enterraron a los muertos en pozos mineros y tumbas sin nombres. Durante 17 años, el pueblo de Chile vivió atemorizado de que tocaran a la puerta de su casa a medianoche, de las desapariciones rutinarias, de las aprehensiones repentinas y la tortura.
En 1999, tras el arresto del general Pinochet en Gran Bretaña, miles de documentos secretos fueron desclasificados por el gobierno estadounidense. Contienen evidencia inequívoca de la involucracion de la CIA en el golpe de Estado, así como del hecho de que el gobierno estadounidense tenía información detallada sobre la situación en Chile durante el reino del general Pinochet. Aún así, Kissinger le aseguró al general que contaba con su apoyo: En Estados Unidos, como usted sabe, simpatizamos con lo que está tratando de hacer, dijo; le deseamos lo mejor a su gobierno.
Aquellos de nosotros que sólo hemos conocido la vida en una democracia, por más defectuosa que sea, difícilmente podríamos imaginar lo que realmente significa vivir en una dictadura y soportar la pérdida absoluta de la libertad. No sólo se trata de aquellos a los cuales Pinochet asesinó, también se debe tomar en cuenta las vidas que les robó a los que estaban vivos.
Tristemente, Chile no fue el único país en Sudamérica en ser seleccionado para recibir las atenciones del gobierno estadounidense. Guatemala, Costa Rica, Ecuador, Brasil, Perú, República Dominicana, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Panamá, El Salvador, México y Colombia: todos han sido el patio de recreo para las operaciones cubiertas y descubiertas de la CIA. Cientos de miles de latinoamericanos han sido asesinados, torturados o simplemente han desaparecido bajo los regímenes despóticos. Si esto no era suficiente humillación, los pueblos de Sudamérica han tenido que cargar con la cruz de ser etiquetados como pueblos incapaces de ejercer una democracia como si los golpes y las masacres fuesen parte de sus genes.
Las fallas geológicas
Esta lista, claro, no incluye a los países en Africa o Asia que sufrieron intervenciones militares Vietnam, Corea, Indonesia, Laos y Cambodia. ¿Durante cuántos septiembres, por décadas, han sido bombardeados, quemados, asesinados millones de asiáticos?
El 11 de septiembre también tiene una resonancia trágica en Medio Oriente. El 11 de septiembre de 1922, ignorando la indignación árabe, el gobierno británico proclamó un mandato en Palestina, como consecuencia de la Declaración Balfour de 1917, promulgada por la Gran Bretaña Imperial, con su ejército desplegado a las puerta de la ciudad de Gaza. La Declaración Balfour le prometía a los sionistas europeos un hogar nacional para el pueblo judío. En aquel momento, el Imperio sobre el cual el Sol Nunca Se Ponía era libre de arrebatar y legar los hogares nacionales de la misma manera en que el niño bravucón de la escuela distribuye las canicas.
Qué descuidadamente hizo el poder Imperial la vivisección de las antiguas civilizaciones. Palestina y Cachemira son los regalos, que manan sangre y supuran, de la Gran Bretaña Imperial al mundo moderno. Ambos son las fallas geológicas de los imperantes conflictos internacionales de hoy.
En 1937 Winston Churchill dijo de los palestinos: “No estoy de acuerdo en que un perro en un pesebre tiene el derecho supremo al pesebre, aunque haya estado ahí echado durante mucho tiempo. No admito ese derecho. No admito, por ejemplo, que se le haya hecho un gran mal a los pieles rojas o a los negros en Australia. No admito que se haya hecho algún mal a estas personas por el hecho de que una raza más fuerte, una raza de más alto rango, una raza de más mundo, por ponerlo de alguna manera, haya entrado y haya tomado su lugar”. Eso marcó la pauta de la actitud del Estado israelí hacia los palestinos.
En 1947 la ONU oficialmente partió Palestina y asignó el 55% de la tierra palestina a los sionistas. En el lapso de un año habían capturado 78%. El 14 de mayo de 1948 se declaró el Estado de Israel. Minutos después de la declaración, Estados Unidos reconoció a Israel. Cisjordania fue anexado a Jordania. La franja de Gaza quedó bajo control militar egipcio. Oficialmente, Palestina dejaba de existir, excepto dentro de las mentes y corazones de cientos de miles de palestinos que se convirtieron en refugiados. En 1967, Israel ocupó Cisjordania y la Franja de Gaza.
A lo largo de décadas ha habido sublevaciones, guerras, entifadas. Se han perdido decenas de miles de vidas. Se han firmado acuerdos y tratados. Se han declarado y violado todo alto el fuego. Pero el derrame de sangre no termina. Palestina aún permanece ilegalmente ocupada. Su gente vive en condiciones infrahumanas, en virtuales bantustanes, donde son sometidos a castigos colectivos, toques de queda de 24 horas, donde son humillados y brutalizados a diario. No saben cuándo va a ser demolida su casa, cuándo van a disparar contra sus niños, cuándo cortarán sus preciosos árboles, cuándo cerrarán sus calles, cuándo les permitirán ir al mercado a comprar comida y medicamentos. Y cuándo no. Viven sin el menor rastro de dignidad. Con poca esperanza a la vista. No tienen control sobre sus tierras, su seguridad, su movimiento, su comunicación, su abastecimiento de agua. Así que cuando se firman acuerdos y se difunden palabras como autonomía e incluso Estado, siempre vale la pena preguntar: ¿Qué tipo de autonomía? ¿Qué tipo de Estado? ¿Qué tipo de derechos tendrán sus ciudadanos?
Los jóvenes palestinos que no pueden contener su enojo se transforman a sí mismos en bombas humanas y atormentan las calles y lugares públicos de Israel, haciendes explosionar, matando a gente común y corriente, inyectándole terror a la vida cotidiana, y eventualmente endureciendo el odio mutuo y la sospecha entre ambas sociedades. Cada bombardeo invita a despiadadas revanchas y a más sufrimiento para los palestinos. Pero una bomba suicida es un acto de desesperación individual, no una táctica revolucionaria. A pesar de que los ataques palestinos atemorizan a los civiles israelíes, proveen de la cubierta perfecta para las incursiones diarias del gobierno israelí en territorio palestino, la excusa perfecta para un colonialismo del siglo diecinueve, fuera de moda, arreglado para aparecer como una guerra a la moda, del siglo veintiuno.
El sufrimiento, ¿mecha de la crueldad?
El aliado político y militar más fiel de Israel es, y siempre ha sido, el gobierno estadounidense. El gobierno estadounidense ha bloqueado, junto con Israel, casi todas las resoluciones de la ONU que buscaban una solución pacífica, equitativa, al conflicto. Ha apoyado casi todas las guerras que Israel ha luchado. Cuando Israel ataca a los palestinos, misiles estadounidenses son los que perforan sus hogares. Y cada año Israel recibe varios miles de millones de dólares de Estados Unidos. Dinero de los contribuyentes.
¿Qué lecciones debemos extraer de este trágico conflicto? ¿Es realmente imposible que el pueblo judío que sufrió tan cruelmente, más cruelmente, quizá, que ningún otro pueblo en la historia, comprenda la vulnerabilidad y la añoranza de aquellos a los que ellos desplazaron? ¿El extremo sufrimiento también enciende la crueldad? ¿Qué esperanza le deja a la humanidad? ¿Qué sucederá con el pueblo palestino si obtiene la victoria? Cuando una nación sin Estado eventualmente proclama un Estado, ¿qué tipo de Estado será? ¿Qué horrores se perpetrarán bajo su bandera? ¿Deberíamos estar luchando por un Estado separado o por el derecho a una vida con libertad y dignidad para todos, sin importar origen étnico o religión?
El mundo está llamado a condenar los atques suicidas. Pero, ¿podemos ignorar el largo camino que anduvieron antes de llegar a este destino? Del 11 de septiembre de 1922 al 11 de septiembre de 2002 80 años es un largo, largo tiempo para estar librando una guerra. ¿Hay algún consejo que el mundo le pueda dar al pueblo de Palestina?
El pecado de Saddam
En otro lugar del Medio Oriente, el 11 de septiembre trae a la memoria algo más reciente. Fue el 11 de septiembre de 1990 cuando George Bush Padre, entonces presidente de Estados Unidos, dio un discurso en una sesión conjunta del Congreso anunciando la decisión de su gobierno de emprender la guerra contra Irak.
El gobierno estadounidense dice que Saddam Hussein es un criminal de guerra, un cruel militar déspota que ha cometido genocidio contra su propio pueblo. Esa es una descripción bastante acertada del hombre. En 1988 arrasó con cientos de pueblos al norte de Irak y usó armas químicas y ametralladoras para matar a miles de kurdos. Hoy sabemos que ese mismo año el gobierno estadounidense le otorgó 500 millones de dólares en subsidios para comprar productos agrícolas estadounidenses. El siguiente año, tras haber completado con éxito su campaña genocida, el gobierno estadounidense duplicó el subsidio a mil millones de dólares. También le dio una semilla madre de alta calidad para ántrax, así como helicópteros y material de uso dual que podría ser usado para manufacturar armas químicas y biológicas.
Así que resulta que mientras Saddam Hussein llevaba a cabo sus peores atrocidades, los gobiernos estadounidense y británico eran sus aliados más cercanos.
¿Qué cambió? En agosto de 1990, Saddam Hussein invadió Kuwait. Su pecado no fue tanto que cometiera un acto de guerra, sino que actuó con independencia, sin recibir órdenes de sus amos. Esta demostración de independencia fue suficiente para desequilibrar la ecuación de poder en el Golfo. Así que se llegó a la decisión de que Saddam Hussein debía ser exterminado, como a un perro que ha durado más que el afecto de su dueño.
El primer ataque aliado sobre Irak tuvo lugar en enero de 1991. El mundo miró la guerra en horario estelar mientras era jugada por televisión. (En la India, en aquellos días, tenías que ir al lobby de un hotel de cinco estrellas para ver CNN.) Decenas de miles de personas fueron asesinadas en un mes de bombardeo devastador. Lo que muchos no saben es que la guerra no terminó ahí. La furia inicial se fue diluyendo hasta convertirse en el más largo ataque aéreo perpetrado contra un país desde la Guerra de Vietnam. Durante la pasada década, las fuerzas estadounidenses y británicas dispararon miles de misiles y bombas sobre Irak.
No hay confusión respecto a la extensión y alcance del arsenal de armas nucleares y químicas de Estados Unidos. ¿Estados Unidos daría la bienvenida a inspectores de armas? ¿Lo haría el Reino Unido? ¿O Israel?
Estados Unidos tiene el arsenal más grande de armas nucleares del mundo. Es el único país en el mundo que las ha utilizado contra la población civil. Si se justifica que Estados Unidos lance un ataque preventivo contra Irak, entonces, se justifica que cualquier poder nuclear lleve a cabo un ataque preventivo contra cualquier otro. La India podría atacar Pakistán, o viceversa. Si al gobierno estadounidense le provoca una aversión el primer ministro de la India, ¿puede simplemente quitarlo a través de un ataque preventivo?
Hace poco Estados Unidos jugó un papel importante el forzar paz entre India y Pakistán que estaban al borde de la guerra. ¿Es tan difícil que siga sus propios consejos? ¿Quién es culpable de la irresponsable moralización? ¿De sermonear por la paz mientras hace la guerra? Estados Unidos, que George Bush ha llamado la nación más pacífica sobre la Tierra, ha estado en guerra contra uno u otro país en cada uno de los 50 años pasados.
El puño oculto
Las guerras nunca se han luchado por razones altruistas. Normalmente se luchan por hegemonía, por negocios. Y, claro, también está el negocio de la guerra. Para la política exterior estadounidense es fundamental proteger su control sobre el petróleo del mundo. Las recientes intervenciones militares del gobierno estadounidense en los Balcanes y Asia Central tienen que ver con el petróleo. Se dice que Hamid Karzai, el presidente marioneta de Afganistán, impuesto por Estados Unidos, es ex empleado de Unocal, una compañía petrolera con base en Estados Unidos. La paranoide vigilancia del gobierno estadounidense en el Medio Oriente se debe a que esta región tiene dos tercios de las reservas petroleras del mundo. El petróleo mantiene los motores de Estados Unidos ronroneando dulcemente. El petróleo mantiene el Libre Mercado andando. Quien controle el petróleo del mundo controla el mercado mundial. Y, ¿cómo controlas el petróleo?
Nadie lo explica de manera más elegante que el columnista de The New York Times Thomas Friedman. En un artículo llamado ”La locura paga” dice que Estados Unidos le tiene que dejar claro a Irak y a los aliados de Estados Unidos que … Estados Unidos usará la fuerza sin negociación, titubeo o la aprobación de la ONU. Su consejo fue escuchado. En las guerras contra Irak y Afganistán, así como en la prácticamente diaria humillación del gobierno estadounidense a la ONU. En su libro sobre globalización, “The lexus and the olive tree”, Friedman dice: “La mano oculta del mercado nunca funcionará sin un puño oculto. McDonalds no puede florecer sin McDonnell Douglas… Y el puño oculto que mantiene al mundo seguro para que las tecnologías de Silicon Valley florezcan se llama el ejército estadunidense, la Fuerza Aérea, la Marina, y los Marines”. Quizá esto fue escrito en un momento de vulnerabilidad, pero ciertamente es la más sucinta, precisa descripción del proyecto de Globalización Corporativa que jamás he leído.
Tras el 11 de septiembre de 2001 y la Guerra contra el Terror, la mano y el puño ocultos han quedado al descubierto y ahora tenemos una clara visión del otro arma de Estados Unidos, el Libre Mercado, acechando sobre el Mundo en Desarrollo, con una apretada sonrisa que no sonríe. La Tarea que Nunca Termina es la guerra perfecta de Estados Unidos, el vehículo perfecto para la expansión sin fin del Imperialismo estadounidense.
Imagina que no hay países…
En los pasados 10 años de desbocada Globalización Empresarial, el ingreso total del mundo se ha incrementado en un 2,5% anual. Y sin embargo el número de pobres en el mundo se ha incrementado en 100 millones. De las 100 economías más grandes, 51 son empresas, no países. El 1% del mundo tiene el mismo ingreso combinado que el 57% más bajo y la disparidad va en aumento. Ahora, bajo la bóveda en expansión de la Guerra Contra el Terror, este proceso es empujado hacia adelante. Los hombres de traje tienen una prisa desmedida. Mientras nos llueven bombas, y los misiles navegan por los cielos, mientras las armas nucleares se apilan para hacer del mundo un lugar más seguro, se firman contratos, se registran patentes, se construyen oleoductos, se saquean los recursos naturales, se privatiza el agua y se socavan las democracias.
En un país como la India, el ajuste estructural del proyecto de la Globalización Corporativa está destrozando las vidas de las personas. Los proyectos de desarrollo, la privatización masiva, y las reformas laborales están empujando a la gente fuera de sus tierras y de sus trabajos, resultando en una especie de bárbaro despojo que tiene pocos paralelos en la historia. En todo el mundo, mientras el Mercado Libre descaradamente protege los mercados occidentales y fuerza a los países en desarrollo a eliminar sus barreras comerciales, los pobres se vuelven más pobres y los ricos más ricos. El descontento civil ha comenzado a hacer erupción en la aldea global. En países como Argentina, Brasil, México, Bolivia, la India, los movimientos de resistencia contra la Globalización Corporativa crecen. Para contenerlos, los gobiernos aprietan su control. Los manifestantes son etiquetados como terroristas y luego son tratados como tales. Pero el descontento civil no sólo significa marchas y manifestaciones y protestas contra la globalización. Desafortunadamente también significa una desesperada espiral descendiente, hacia el crimen y el caos y todo tipo de desesperación y desilusión que, como sabemos por la historia (y por lo que vemos desatándose ante nuestros ojos), gradualmente se torna en un campo fértil para cosas terribles: nacionalismo cultural, fanatismo religioso, fascismo, y claro, terrorismo.
Todos estos van de la mano con la Globalización Corporativa.
Hay una idea que está ganando crédito: el Libre Mercado rompe las barreras nacionales, y el destino final de la Globalización Corporativa es un paraíso hippie donde el corazón es el único pasaporte y todos vivimos felices juntos, dentro de la canción de John Lennon (Imagina que no hay países…) Esto es una patraña.
Lo que el Libre Mercado socava no es la soberanía nacional, sino la democracia. Conforme crece la disparidad entre los ricos y los pobres, el puño oculto tiene su trabajo trazado. Las multinacionales, al acecho de buenos negocios que les den enormes ganancias, no pueden llevar a buen término los negocios y administrar esos proyectos en países en desarrollo sin la activa connivencia de la maquinaria estatal: la policía, los tribunales de justicia, a veces incluso el ejército. Hoy, la globalización Corporativa requiere una confederación internacional de gobiernos leales, corruptos, preferentemente autoritarios en países más pobres, para que empujen las reformas impopulares y sofoquen los motines. Necesita de una prensa que finja ser libre. Necesita tribunales de justicia que finjan repartir justicia. Necesita bombas nucleares, ejércitos, leyes más estrictas de inmigración, y vigilantes patrullas costeras para asegurarse de que sólo el dinero, los bienes, las patentes y los servicios se globalicen no el libre movimiento de las personas, no el respeto a los derechos humanos, no los tratados internacionales sobre discriminación racial o armas químicas y nucleares, o emisiones de gases de efecto invernadero, o cambio climático, o ni lo mande dios, la justicia. Es como si un solo gesto hacia una rendición de cuentas internacional pudiera echar a perder todo el negocio.
Cerca de un año después de que oficialmente se diera el banderazo de salida a la Guerra Contra el Terror en las ruinas de Afganistán, en un país tras otro, las libertades son reducidas en nombre de la protección a la libertad; las libertades civiles son suspendidas en nombre de la protección a la democracia. Todo tipo de disensión es definido como terrorismo. Se están aprobando toda clase de leyes para lidiar con ella. Parece que Osama Bin Laden desapareció. Se dice que el muhla Omar escapó en una motocicleta. (Podrían haber mandado a TinTin tras él). Puede ser que el Talibán haya desaparecido, pero su espíritu y su sistema de justicia sumaria está emergiendo en los lugares menos esperados. En la India, en Pakistán, en Nigeria, en Estados Unidos, en todas las Repúblicas Centroasiáticas encabezadas por todo tipo de déspotas, y claro, en Afganistán bajo la Alianza del Norte apoyada por Estados Unidos.
El momento ha llegado
Mientras tanto, en el centro comercial hay una oferta de mitad de temporada. Todo está en saldo: océanos, ríos, petróleo, bancos genéticos, avispas polinizadoras de higos, flores, infancia, fábricas de aluminio, compañías telefónicas, sabiduría, lo silvestre, derechos civiles, ecosistemas, aire… toda la evolución de 4.600 millones de años. Está empaquetado, sellado, etiquetado, con precio y listo en el estante. No se aceptan devoluciones. En cuanto a la justicia, me dicen que también está de oferta. Puedes obtener la mejor que el dinero puede comprar.
Donald Rumsfeld dijo que su misión en la Guerra Contra el Terror era convencer al mundo de que se debe permitir a los estadounidenses continuar con su estilo de vida. Cuando el enloquecido rey golpea el suelo, los esclavos tiemblan en sus barracones. Así que hoy, aquí delante de todos, me es difícil decir esto, pero el Estilo de Vida Estadounidense (The American Way of Life) simplemente no se puede sostener. Porque no reconoce que haya un mundo más allá de Estados Unidos.
Afortunadamente, el poder tiene fecha de caducidad. Cuando llegue el momento, quizá este poderoso imperio, como muchos otros antes de él, se rebasará a sí mismo y hará implosión desde sus entrañas. Parece que ya comenzaron a aparecer grietas estructurales. Conforme la Guerra Contra el Terror expande su red más y más lejos, el corazón corporativo de Estados Unidos sangra más y más. A pesar de toda la vacía habladuría sin fin sobre la democracia, hoy el mundo esta gobernado por tres de las instituciones más sigilosas del mundo: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio; estas tres, a su vez, están dominadas por Estados Unidos. Sus decisiones se toman en secreto. Las personas que las encabezan son designadas a puerta cerrada. Nadie sabe realmente nada sobre ellos, sus políticas, sus creencias, sus intenciones. Nadie los eligió. Nadie dijo que podían tomar decisiones por nosotros. Un mundo gobernado por un puñado de banqueros y directores ejecutivos empresariales egoístas que nadie eligió seguramente no puede durar.
El comunismo estilo soviético fracasó, no porque fuese intrínsecamente malvado, sino porque tenía errores. Permitía que demasiados pocos usurparan demasiado poder. El capitalismo de mercado del siglo veintiuno, estilo estadounidense, fallará debido a las mismas razones. Ambos son construcciones de la inteligencia humana, deshechos por la naturaleza humana.
El momento ha llegado, dijo la Morsa. Quizá las cosas empeoren y luego mejoren.
NB. El texto del clip acaba aqui. El discurso en realidad sigue con un par mas de frases que considero interesante recoger a continuación:
Quizá haya una pequeña diosa allá arriba, en el cielo, alistándose para nosotros. Otro mundo no sólo es posible, ya está en camino. Quizá muchos de nosotros no estemos aquí para darle la bienvenida, pero en un día tranquilo, si escucho con atención, la oigo respirar.